El árabe y el español tienen fonemas y raíces comunes, una ventaja que están aprovechando varios de los presos de Guantánamo, quienes hace un par de semanas se lanzaron al aprendizaje del castellano ante la posibilidad de que un país de habla hispana sea su próximo destino.
Los detenidos que demuestran buena conducta dentro de la prisión gozan de los programas de “estimulación intelectual”; dan clases de arte, manualidades, o leen novelas y juegan a videojuegos, tanto es así que las paredes de la biblioteca donde se almacenan las lecturas que tienen a su disposición están decoradas con sus propios trabajos. Pero además de eso también aprenden idiomas.
Hasta ahora, los prisioneros habían tenido acceso a clases de inglés y de pastún, una de las lenguas predominantes en Pakistán y Afganistán, pero entre las incorporaciones más recientes a su oferta educativa aterrizó el español.
El contraalmirante Richard Butler, el más alto mando al cargo de la cárcel, explicó que la iniciativa surgió a petición de los propios presos, conscientes de que el Gobierno estadounidense está manteniendo conversaciones con países en los que se habla la lengua de Cervantes.
Según explica el instructor, el programa plantea dos clases semanales que constan de un repaso de la lección anterior, el estudio del temario del día y una hora de práctica del idioma.