"Esta extradición cierra un capítulo en la historia de la lucha antidrogas en Colombia", dijo ayer a la AFP el director de la Policía Judicial (Dijin), coronel Oscar Naranjo, quien señaló que los organismos de seguridad combaten actualmente a la "cuarta generación" del narcotráfico.
"Es la partida del último gran capo de la mafia colombiana, de los considerados "próceres" del narcotráfico", indicó el investigador Camilo Chaparro, autor de un libro sobre el Cartel de Cali, que en la década de los noventa controló el 80% de los envíos de cocaína a EU.
Rodríguez Orejuela, de 61 años y número dos de esa organización, fue recluido el viernes en una cárcel de Miami tras ser entregado a agentes norteamericanos.
"Es una lección para todos los colombianos, tanto para los viejos como para los jóvenes, de que la aventura del narcotráfico siempre termina mal", afirmó el ministro de Defensa, Jorge Uribe.
Chaparro señaló que la extradición de los Rodríguez Orejuela, presos en Colombia desde 1995, pone fin a una era.
"Son conscientes de que van a morir allí. Una condena de cinco o seis años es una pena de muerte por sus delicados problemas de salud, con lo que termina un ciclo, porque lo que hay detrás de ellos son pequeños carteles que se fortalecieron a la sombra de las grandes organizaciones", indicó.
Las nuevas bandas que las autoridades cifran en 180 se denominan los "baby cartels". "No tienen grandes capos porque sus principales jefes son pistoleros, escoltas, lugartenientes de los grandes líderes", agregó Chaparro.
La Policía colombiana se ha trazado metas: derrotar al Cartel de Norte del Valle, que asumió los negocios del Cartel de Cali y por cuyo jefe, Diego Montoya, EU ofrece cinco millones de dólares.
El segundo objetivo es "neutralizar a las pequeñas organizaciones, que tienen niveles de violencia más bajo, pero excelentes niveles de financiamiento.