Entre gritos de “asesino” y “verdugo”, miles de personas abuchearon los restos del criminal de guerra nazi Erich Priebke cuando arribó su ataúd para una misa fúnebre oficiada por un grupo católico disidente que se opone a las relaciones del Vaticano con los judíos.
Desde la muerte de Priebke, el viernes pasado, a los 100 años de edad, se desarrolla un debate furioso sobre qué hacer con los restos del hombre que participó en la matanza de 335 civiles en las fosas Ardeatinas de Roma durante la ocupación nazi de Italia en 1944.
El vicario del papa Francisco en Roma se negó a darle un funeral católico en la ciudad, y tanto la patria natal de Priebke, Alemania, como su patria adoptiva, Argentina, se niegan a recibir sus restos.
Solo la cismática Sociedad San Pío X, en la ciudad de Albano Laziale, aceptó brindarle una misa fúnebre.
Al arribar el ataúd a la iglesia de la ciudad, la gente concentrada a su alrededor empezó a golpear la carroza con puños y paraguas, entre gritos de “somos antifascistas” y “Priebke asesino”. Una mujer se desmayó.