Aunque sus fuerzas están mermadas tras semanas de arrestos y la muerte de cientos de sus seguidores, los islamistas egipcios plantaron cara al imponente despliegue militar y policial con protestas que derivaron en disturbios.
Diseminados en pequeñas marchas de cientos de manifestantes, y en algunos casos de miles, los partidarios del depuesto presidente Mohamed Mursi salieron un día más a las calles para rechazar el golpe militar del 3 de julio pasado.
Los Hermanos Musulmanes habían llamado a una "intifada" (levantamiento popular) contra "los golpistas", pero inevitablemente su poder de convocatoria se vio diezmado por los obstáculos impuestos por las autoridades, que llenaron ciudades como El Cairo de vehículos blindados, barreras y alambradas de espino.
Aunque incidieron en el carácter pacífico de las protestas, los disturbios estallaron en gran parte de Egipto, causando entre tres y seis muertos, dependiendo de las fuentes, y decenas de heridos. Los enfrentamientos más graves se registraron en Port Said y Alejandría, y en las localidades del delta del Nilo.