Puntos
- Las autoridades calculan que a finales de 2011 vivían en Estados Unidos unos 11.5 millones de extranjeros indocumentados, de los cuales un 9% son menores de 18 años.
- Vigilancia
- Se calcula que 21 mil agentes vigilarán la frontera.
- Inversión
- Habrá un gasto aproximado de $30 billones.
El Senado de EE.UU. aprobó por 68 votos contra 32 la mayor reforma migratoria desde 1986, que abre la vía para la legalización y eventual ciudadanía de la población indocumentada, tras casi un mes de debate.
Aunque, para entrar en vigor, la reforma requiere que la Cámara de Representantes se pronuncie, y en ella la oposición republicana es mayoritaria; el voto en el Senado aumenta enormemente la presión a favor de un acuerdo.
Catorce senadores republicanos votaron a favor, incluido el senador por Florida, Marco Rubio, figura ascendente del partido conservador, de quien se dice que podría optar a la candidatura a la Presidencia de EE.UU. en 2016.
Todos los demócratas, mayoritarios en la Cámara alta, apoyaron la propuesta legislativa.
La reforma migratoria, negociada en el Senado por el “Grupo de los ocho” -cuatro demócratas y cuatro republicanos-, condiciona la legalización de los indocumentados a la seguridad fronteriza; incrementa drásticamente la vigilancia en la frontera, y establece medidas para controlar futuros flujos migratorios.
La votación, presidida de manera solemne por el vicepresidente Joseph Biden como presidente del Senado, se vio puntualizada por un grupo de activistas que, desde la galería, gritaron “¡sí se puede!”, el lema de campaña del presidente Barack Obama, en señal de celebración.
El voto puso fin a tres semanas de un intenso debate en el pleno de la Cámara alta, que reflejó las divisiones ideológicas en torno a cómo frenar la inmigración ilegal hacia Estados Unidos.
Esta “histórica legislación reconoce que los inmigrantes de hoy han venido a EE.UU. por las mismas razones... para lograr el sueño que nosotros damos por sentado” y para mejorar sus vidas, dijo en un emotivo discurso el líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid.
Reid argumentó que la reforma fortalecerá la seguridad económica y nacional de EE.UU., si bien la mayoría de los republicanos que votaron en su contra replicó que esta no frenará la inmigración ilegal.
Entre los senadores republicanos que votaron a favor de la medida figuró Marco Rubio, un miembro del “Grupo de los ocho”, mientras que entre los que votaron en contra destacó otra figura de origen hispano, Ted Cruz, de Texas.
Cámara baja, obstáculo
El rechazo que la mayoría republicana en la Cámara baja ha demostrado hacia la idea de conceder la opción de naturalización a inmigrantes sin papeles se perfila como un obstáculo formidable para las posibilidades de que el presidente Barack Obama promulgue este año la histórica reforma migratoria.
Con la reforma migratoria se destinarían al menos $30,000 millones a la seguridad fronteriza.
El senador republicano por Alabama, Jeff Sessions, crítico acérrimo de la reforma migratoria, calificó como “significativo” que no se hayan alcanzado los 70 votos porque “garantiza que la Cámara baja tiene margen suficiente para trazar una ruta opuesta y rechazar esta iniciativa”.
El grupo bipartidista de ocho senadores que redactó el proyecto de ley original había expresado públicamente su aspiración de alcanzar los 70 votos para ejercer una mayor presión sobre la Cámara baja, y con ese fin realizaron concesiones importantes a la bancada republicana.
Mientras el liderazgo nacional del partido republicano ha expresado la urgencia de apoyar una reforma migratoria como una manera de reconciliarse con el voto hispano, que votó en noviembre abrumadoramente a favor de reelegir a Obama, muchos legisladores republicanos más bien definen sus estrategias pensando en la realidad política de sus respectivos distritos.
Y para quienes buscan reelegirse en las elecciones de medio término de 2014, apoyar una reforma migratoria los pondría en desventaja frente a rivales radicales que cuenten con el apoyo del grupo radical conservador conocido como el Tea Party, y que los acusen de facilitar una “amnistía” migratoria.