La NASA anunció ayer que ha expandido el zona de búsqueda de los restos del Columbia, mientras ha centrado su investigación en si el impacto de un trozo de aislante durante el lanzamiento separó varias losas de cerámica protectoras.
La hipótesis que se maneja como más probable es que el fragmento pudo desprender un número suficiente de las losas que conforman la capa termoaislante de la "panza" del transbordador como para dañar fatalmente el escudo protector de la nave.
Este planteamiento "es el principal candidato en estos momentos", declaró ayer Bill Readdy, astronauta y director adjunto del programa de vuelos tripulados de la NASA. Aún así, Readdy pidió prudencia y, en una conferencia de prensa en la sede de la NASA en Washington, dejó claro que si bien "todo el mundo ha saltado a esa conclusión, yo no estoy preparado para confirmarla".
Los transbordadores espaciales tienen unas 20,000 baldosas, que se calientan a temperaturas de hasta más de 1,600 grados centígrados durante la delicada fase de reentrada en la atmósfera y evitan que la nave se desintegre por el calor.
El fragmento de espuma aislante -de 76 por 18 centímetros- se desprendió del depósito principal de combustible unos 80 segundos después del lanzamiento del pasado 16 de enero. El incidente fue registrado por las cámaras especiales que graban desde tierra cada despegue de los transbordadores.
El aislante golpeó el ala izquierda de la nave y durante el vuelo los técnicos de tierra no consideraron que fuera un problema. "Este fenómeno no es nuevo", declaró Michael Kostelnik, director adjunto de la NASA para el programa de transbordadores y la Estación Espacial Internacional (ISS), quien dijo que otros desprendimientos anteriores causaron sólo "daños menores".
Explicó que "los mejores ingenieros que tenemos, que construyeron este sistema, estudiaron toda la información que teníamos y determinaron que no había un problema en la seguridad del vuelo". Los ingenieros "creyeron que podría haber algún daño al sistema térmico de protección... pero no consideraron que pudiera poner en peligro la seguridad del vuelo", afirmó Kostelnik.
La recolección de restos humanos de los astronautas y de escombros del transbordador parecía ayer una operación militar en la que tomaban parte miles de personas en Texas y Luisiana, mientras la NASA seguía buscando las causas de la tragedia.
Durante el fin de semana ya se recolectaron miles de fragmentos de la nave y de su tripulación, y ayer continuaba la mórbida búsqueda bajo la dirección del FBI, de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias y de los servicios habitualmente movilizados en casos de accidentes aéreos.
Cada objeto se etiquetaba y luego era transportado a la base aérea de Barksdale en Luisiana, en la frontera de Texas, donde los científicos de la NASA y de otros servicios encargados de la investigación podrían examinarlos e intentar reconstruir algunas partes de la nave.
Las familias de los siete astronautas desaparecidos intentaban entretanto mostrarse fuertes. En una declaración común, expresaron su deseo de ver avanzar la exploración espacial. "Aunque estamos profundamente doloridos, una vez que se encuentre y corrija la causa profunda de esta tragedia, la herencia del Columbia debe continuar y rendir frutos a nuestros hijos" y los hijos de los demás, señalaron.
Hoy, tendrá lugar una ceremonia en memoria de los astronautas del Columbia en la explanada central del Centro Espacial Johnson de Houston, en presencia de las familias de las víctimas, a quienes se les unirá el presidente George W. Bush y su mujer Laura, así como los principales responsables de la NASA.
Los musulmanes extremistas británicos ven en el accidente del transbordador Columbia un "signo de Dios" y una respuesta a sus plegarias. A bordo se encontraban representantes de tres países que para los musulmanes constituyen una "trinidad del mal": Estados Unidos, Israel y la India.