Mundo

Sin compradores

Ahora nadie quiere una estatua de Hussein, a no ser para destruirla.


Detrás de una metálica puerta en el sector industrial de Bagdad, una imponente fila de generales espera tiesa a su comandante. Y allí está él, asomándose a la derecha, detrás de ellos: Sadam Hussein, la estatua cubierta de polvo que nadie quiere.
Para toda una generación de iraquíes, retratar a Sadam en estatuas fue una industria de prosperidad indudable, ya que valían hasta un millón de dólares. En la actualidad es un negocio muerto.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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