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- de febrero de 2013 el papa Benedicto XVI sorprende al mundo al anunciar que renuncia al cargo.
Jesús García es uno de los hondureños que el día 14 de cada mes participa en una procesión macabra hasta la prisión donde dos primos suyos murieron junto a otros 360 presos, en el peor incendio carcelario del último siglo.
Es su manera de exigir justicia por las muertes de Antonio y Franklin García, que quedaron encerrados en sus celdas mientras el fuego se abría paso entre los barracones de madera y los guardias que custodiaban el lugar corrían por su vida, sin detenerse a abrirles las puertas.
“Vamos al penal en procesión simbólica, con un ataúd para pedir justicia, pero nadie nos da respuestas; vamos donde la ministra de Derechos Humanos y ella nos pasa al presidente (Porfirio Lobo), y él a la oficina de la primera dama para que se gestione una ayuda, y ahí se termina todo. Ni justicia ni ayuda”, explica.
Un año después del incendio de Comayagua, la investigación continúa abierta y los fiscales no han acusado a nadie por lo sucedido.
Las celdas quemadas y el sistema eléctrico de la prisión aún están siendo reparados. El preso que se convirtió en héroe de aquel incendio, encontrando las llaves y salvando a decenas de hombres, nunca recibió el indulto prometido por Lobo. La ley prohíbe indultar a convictos de asesinato y Marco Antonio Bonilla continúa encarcelado y trabajando en la misma enfermería en la que los gritos de sus compañeros devorados por el fuego le despertaron aquella noche.