Nadie imaginaría, al caminar por el parque de Nicoya, en el Pacífico de Costa Rica, y ver gente sonreída y oír conversaciones casuales y relajadas, que apenas unas horas antes esa localidad fue sacudida por un potente terremoto de magnitud 7.6 en la escala de Richter.
Ayer la vida transcurrió casi con total normalidad en Nicoya, la población más cercana al epicentro del temblor del miércoles y sus habitantes hablan sin cesar en las calles del "milagro" ocurrido porque solo se registró una víctima mortal en el país y menos de una docena de casas se derrumbaron en una playa de la zona, según la información oficial.
El terremoto del miércoles fue el segundo más fuerte en la historia de Costa Rica, con epicentro en la península de Nicoya, unos 200 kilómetros al noroeste de la capital costarricense, San José.
Con el pasar de las horas, los habitantes de Nicoya y sus alrededores se han ido relajando cada vez más, tal vez porque un sismo de gran magnitud en la península ha sido anunciado desde hace años por geólogos costarricenses, de modo que la población ha pasado largo tiempo esperando un evento de este tipo.
El ministro de Seguridad, Mario Zamora, dijo a los periodistas que los pobladores de Nicoya tomaron "las medidas necesarias con mucha anticipación" al temblor del miércoles, "principalmente porque se encontraban advertidos de la posibilidad de un sismo en la región".