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Sobreviviente anhela un mundo sin armas nucleares

Tsutomu Yamaguchi a sus 93 años recuerda los ataques de Hiroshima y Nagasaki, y asegura que aunque el presidente Barack Obama hable de un mundo sin armamentos nucleares, eso no ocurrirá pronto.


He muerto dos veces y nací dos veces en esta vida, tengo que contar este hecho de la historia antes de morirme”.

A sus 93 años, el japonés Tsutomu Yamaguchi, superviviente de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, sigue luchando contra las armas nucleares porque sus “dos muertes” le enseñaron que destruyen la dignidad humana, según explica en una entrevista con EFE.

Aunque el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, habla de un mundo sin armamento nuclear, Yamaguchi, ingeniero retirado, cree “prácticamente imposible” que esto ocurra en unos pocos años de mandato.

 

“Ese país causa guerras por interés de las empresas, no podrá con ello”, afirma el anciano, que está sordo de un oído y perdió a un hijo a consecuencia de las radiaciones recibidas cuando tenía sólo seis meses.

Este doble “hibakusha”, como se conoce en Japón a las víctimas de las bombas atómicas, trabajaba en 1945 como ingeniero en la sede de Nagasaki del fabricante de armamento Mitsubishi Heavy, pero habitualmente viajaba a otras ciudades de Japón como Hiroshima, a 300 kilómetros de distancia.

A las 8 de una mañana calurosa del 6 de agosto de 1945, el ingeniero estaba de camino a la fábrica de Mitsubishi de Hiroshima cuando, en el cielo, vio dos paracaídas que caían y, poco después, una luz de intenso color blanco.

 

“Nadie sabía lo que ocurrió hasta que lo anunció el Gobierno, pero pensé que había caído el Sol a la Tierra”, confiesa Yamaguchi, en un relato escrito con letra temblorosa que ocupa seis folios, debido a que oye mal y prefiere no hablar por teléfono.

El anciano explica que recuperó la conciencia después de recibir la onda expansiva de una bomba que dejó a Hiroshima “completamente destruida, oscura y llena de aceite, sangre y sudor”.

Como cuenta en su libro “La vida regalada”, publicado en 2006, tras pasar la noche en vela, al día siguiente consiguió tomar un tren con centenares de personas hacia Nagasaki, donde le recibió su familia después de casi 24 horas de viaje.

 

Allí nadie se creía lo que contaba de Hiroshima, pero cuando tres días después, el 9 de agosto, vio la misma luz en el cielo antes del mediodía, entonces sí la reconoció y se dijo: “Me persigue”.

Para Yamaguchi, la sombra de la bomba atómica siempre ha estado presente en su cuerpo.

En el verano de 1945, sufrió una fuerte reducción de glóbulos blancos y la pérdida del oído izquierdo, y después se operó de cataratas y perdió la vesícula.

 

Aun así, Yamaguchi no hablaba de su dura experiencia abiertamente.

Todo cambió cuando en 2005, su hijo murió a los 59 años, debido a un cáncer que achaca a la radiactividad recibida cuando era sólo un bebé.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América