Rusia recuerda al último Zar, Nicolás II, y su familia, fusilados por los bolcheviques hace 90 años, hecho histórico que aún divide a la sociedad, la Iglesia y la Justicia rusas.
En todas las iglesias del país se ofician servicios religiosos en memoria del Monarca, su esposa y sus cinco hijos, asesinados en las afueras de la ciudad de Yekaterimburgo en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918.
También se suceden las procesiones con destino a esa ciudad de los Urales por parte de los creyentes ortodoxos, que desean rendir tributo a los miembros de la familia real, declarados "Mártires del Comunismo" por la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Moscú y la antigua capital imperial, San Petersburgo, donde se encuentra enterrado Nicolás II, acogen estos días numerosas exposiciones y conferencias sobre la vida del zar y las últimas revelaciones sobre su trágico destino.
La Casa Imperial rusa insiste en que Nicolás II y sus familiares deben ser rehabilitados como víctimas de represiones, aduciendo que su asesinato fue un "crimen político", ya que los bolcheviques consideraban al Zar un "enemigo de clase".