Los equipos de socorro se esforzaban ayer en instaurar los rudimentos de una organización en las ruinas de la ciudad de Bam (sudeste de Irán), devastada por un mortífero terremoto el pasado 26 de diciembre, para hacer frente al frío invernal y eventuales amenazas de epidemias.
En medio del caos ocasionado por lo que podría ser el sismo más terrible de los últimos 25 años, cinco supervivientes fueron sacados de entre los escombros el martes, cuando se habían abandonado ya todas las esperanzas.
Entre ellos había un bebé de cuatro meses y una niña de 12 años que fue sorprendida por el movimiento telúrico en la cocina de su casa, lo que le permitió encontrar comida para sobrevivir, indicaron los periódicos.
Sin embargo, el mismo día las operaciones de búsqueda continuaron desenterrando cadáveres de entre los escombros: 75 cuerpos, incluyendo un turista británico, fueron encontrados el martes, según la radio estatal.
El martes al anochecer, más de 30,000 cuerpos habían sido enterrados apresuradamente para prevenir epidemias. Según el presidente Mohamad Jatami, el sismo podría haber costado la vida a unas 50,000 personas.
El presidente iraní Mohamad Jatami desmintió durante su visita a la zona del sudeste del país devastada por el terremoto del 26 de diciembre que este último hubiera sido causado por un ensayo nuclear, según informó la prensa ayer.
El balance seguramente continuará aumentando. El prefecto de Bam, Alí Shafiie, explicó a la radio que sólo el 60% de las ruinas habían sido registradas.
Para miles de supervivientes hacinados en condiciones sumamente precarias en las carpas colocadas por la Media Luna Roja en medio de las ruinas, la otra preocupación es el frío. Un viento violento y helado comenzó a soplar a primeras horas de ayer, haciendo la vida aún más penosa.
A menos de 200 km al norte de Bam, epicentro del sismo de 6.3 grados en la escala de Richter, la ciudad de Kerman, por la cual pasa gran parte de la ayuda, se encontraba ayer 0cubierta por la nieve, y la niebla retardaba los vuelos.
Los damnificados debían ser reagrupados rápidamente en tres aldeas de 600 tiendas de campaña cada una para facilitar la distribución de la ayuda y el control sanitario, actualmente muy complicados, indicó un portavoz de la ONU.