Miles de personas se concentraron ayer en Barcelona para protestar por la reacción del gobierno español ante el derrame petrolero ocasionado por el hundimiento del buque cisterna Prestige, y pidieron la renuncia del presidente del gobierno, José María Aznar.
Unas 50,000 personas asistieron a la protesta, de acuerdo con el grupo civil Nunca Mais, que organizó el acto. Sin embargo, la Policía calculó que los asistentes sumaron unos 12,000.
Los manifestantes exigieron acciones urgentes de los gobiernos y legisladores para garantizar que un derrame de semejante magnitud no vuelva a ocurrir. Algunos inconformes llevaban pintadas lágrimas negras en las mejillas, mientras que otros usaban mascarillas similares a las empleadas por los voluntarios que buscan limpiar las manchas de petróleo en las playas de Galicia. Ha sido la mayor protesta en una ciudad fuera de Galicia, frente a cuyas costas el barco Prestige se partió y se hundió el 19 de noviembre.
Al final de la protesta , los manifestantes leyeron un comunicado en el que exigieron "la renuncia tanto de Aznar como del presidente de la Junta de Galicia (gobernador), Manuel Fraga, por sus mentiras, farsas y excusas"" ante la catástrofe.