Así como le ocurre a los humanos, los animales también envejecen, y al igual que nosotros, necesitan de muchos cuidados, amo y mascota deben estar preparados para la llegada de los llamados “años dorados”.
Un perro anciano puede padecer al caminar, debido al desgaste de las articulaciones. Lo que hace que no quiera pararse al baño e incluso podría sufrir de incontinencia. En ambos casos, el uso de un “pamper” puede significar una ayuda, si le cuesta mucho movilizarse hasta el lugar donde solía hacer sus necesidades.
Cambios.
Se tiende a pensar que lo que viene con la vejez es un naufragio. Nada alejado de la realidad. Aunque los perros comienzan a envejecer entre los 7 y 10 años, esto no significa que su mascota ya no pueda valerse por sí misma.
Sólo nos indica que a esta edad empezaremos a notar algunos cambios fisiológicos en el animal. Las razas grandes tienen un promedio aproximado de 10 años de vida, raza mediana 13 años, y las razas pequeñas hasta 17 años.
Hay que tener en cuenta que mientras menos cambios haya en la vida de nuestras mascotas será mejor. Recordemos que los perros son criaturas de hábitos y que los cambios drásticos podrían causarle estrés, acelerar su proceso de envejecimiento y hasta enfermarlos.
Síntomas.
Duermen con frecuencia y más profundamente. Se cansan con facilidad y prefieren quedarse en su hogar que salir a pasear. A consecuencia de los cambios en su metabolismo, tienen dificultad para controlar su temperatura corporal. Por esta razón, se vuelven más susceptibles al frío y al calor. Es mejor pasearlas al atardecer y evitar que se expongan al frío o se mojen, pues su sistema inmunológico y la capacidad para recuperarse empezarán a trabajar más lentamente.
Perdida.
Está comprobado que cuatro de los cinco sentidos disminuyen en la vejez del animal. El único que permanece con la misma agudeza es el tacto. El primero es la pérdida de la audición, que se nota cuando no responden con rapidez a nuestro llamado. La pérdida del olfato también disminuye con la vejez. En el caso de los gatos es más grave, pues ellos dependen de él para oler el aroma de la comida y mantener su apetito. Por consiguiente, muchos empiezan a comer menos, lo que les trae como consecuencias pérdida de peso y debilidad.