Linz, la ciudad austríaca que el próximo año será Capital Europea de la Cultura, fue ya hace setenta años el centro de un ambicioso programa para transformarla en una de las metrópolis culturales del Reich alemán.
El sueño de Adolf Hitler de convertir la ciudad alpina donde pasó su juventud en una de las principales urbes de Alemania es el argumento de una exposición del Schlossmuseum de Linz, que analiza la relación de esta localidad con la política cultural de los nazis.
Aunque nació en la pequeña localidad de Braunau am Inn, a 126 kilómetros, Hitler vivió desde pequeño en Linz, donde cursó la escuela secundaria, fracasó en su intento de acceder a la universidad y tuvo un primer contacto con las teorías antisemitas que marcarían su futura ideología. Hitler influyó en estos planos y esbozos y en los que dejó su impronta como dictador.