La tensión entre el gobierno argentino y la Iglesia Católica cedía ayer luego que las autoridades permitieran dar misa en capillas militares al ex vicario Antonio Baseotto, removido por decir que había que "tirar al mar" a un ministro favorable a despenalizar el aborto.
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, negó que la destitución de Baseotto haya provocado una "convulsión" en las relaciones entre Argentina y el Vaticano y luego dio por superado el incidente.
"No existe ninguna convulsión política ni mucho menos con el Vaticano", afirmó el ministro, quien definió como "excelente" la relación con la Santa Sede y dijo que el diferendo "no da para más".