Cada vez que Ann Lawson entra en el almacén de comestibles de su vecindario suda la gota gorda.
Su supermercado, Hannaford, ha instalado un pequeño gimnasio más allá del mostrador de la farmacia. Tiene cintas continuas, bicicletas fijas, máquinas de ejercicios vasculares y un cuarto moderno de zumba con un piso lustroso de madera. Y como si eso fuera poco, es gratis.
“Se trata de mantenerme saludable y perder esas libras de más”, dijo la mujer. “Y me gusta la idea de poder ejercitarme y hacer las compras en un solo viaje”.
Hannaford, con sede central en Maine, Nueva York, Estados Unidos, insiste en que la instalación de 520 metros cuadrados que abrió en octubre no es parte de alguna campaña interesada. El comercio de Albany es el único entre los 184 de la cadena de supermercados con un gimnasio y no hay planes de abrir otros.
La idea surgió de una reunión en el verano pasado entre Hannaford, la YMCA local y el plan de salud de Capital District Physicians.