"Supongo que son más de 10, 000, pero es sólo una suposición", respondió el senador Vitter.
Muy criticado por la prensa estadounidense, el presidente Bush se desplazó a las zonas afectadas, donde consoló a sobrevivientes negros en medio de casas destruidas y reconoció que la respuesta inicial a la catástrofe había sido insuficiente. "Los resultados son inaceptables", declaró.
"La tarea del gobierno federal es enorme y la cumpliremos. Allí donde esto no funciona, haremos que funcione", dijo Bush en Mobile, Alabama.
El Senado abrirá una investigación sobre la acción de las autoridades antes y después del huracán.
La republicana Susan Collins y el demócrata Joseph Lieberman denunciaron "un inmenso fracaso" en la atención a los damnificados y la prevención.
La investigación apuntará a saber si "el gobierno federal hizo todo lo que pudo para ayudar a las víctimas de esta terrible tragedia", dijeron.
El jefe de la Fuerza de Tareas Conjunta, Russel Honore, defendió la respuesta a la crisis e indicó que tenía a disposición unos 90,000 guardias nacionales.
Pese a ello, el alcalde de la ciudad, Ray Nagin, expresó su cólera ante la lentitud de la ayuda.
"Piensan en pequeño, cuando se trata de un asunto enorme", declaró a la CNN el alcalde negro. "Cada día que perdemos, muere gente y mueren por centenares", advirtió. Además de los guardias nacionales y los convoyes anfibios de ayuda humanitaria, 300 soldados de retorno desde Irak fueron desplegados en Nueva Orleans con orden de disparar sobre los saqueadores.
Secar Nueva Orleans tomará semanas, advirtió el cuerpo de ingenieros que trabaja en la zona.
Dos tanques de almacenamiento de petróleo dañados por el huracán derramaron millones de barriles de combustible en un pantano y reserva natural al sur de Nueva Orleans.