La más alta tecnología, trabajo de inteligencia, una milimétrica operación conjunta del Ejército y la Fuerza Aérea y “gente al interior de las FARC” permitieron acabar con la vida del máximo líder de esa guerrilla, alias “Alfonso Cano”.
El comienzo del fin de “Alfonso Cano”, quien usualmente llevaba una espesa barba, anteojos y casi siempre aparecía con una pistola al cinto, comenzó hace tres años, cuando fue designado como jefe máximo de las FARC tras la muerte de Pedro Marín, más conocido como “Manuel Marulanda” o “Tirofijo”.

Fue entonces cuando la inteligencia del Estado comenzó a diseñar acciones para encontrarlo bajo un denominador común, el ahora presidente Juan Manuel Santos, quien desde diferentes posiciones en el Gobierno ha estado al frente de esas estrategias.
Ya en agosto de 2008, como ministro de Defensa en el Gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), Santos dijo que el Ejército “adelantaba acciones concretas” contra Guillermo León Sáenz, verdadero nombre de “Alfonso Cano”, y otros integrantes del mando central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El punto de quiebre se dio cuando el jefe guerrillero salió del Cañón de las Hermosas, uno de los más agrestes terrenos de los Andes colombianos, en el suroeste, y que comprende territorios de los departamentos del Tolima, Huila y Cauca.
Según fuentes de inteligencia, aunque “Cano” soportaba el acoso de las tropas, su situación comenzó a empeorar cuando le cortaron los suministros y lo obligaron a moverse de su santuario.
En tanto, la inteligencia del Estado sabía que estaba en la zona, pero no disponía de coordenadas.
Esta situación cambió radicalmente hace unos tres meses, cuando fuentes de inteligencia, combinadas con elementos tecnológicos, ofrecieron informes certeros: “Cano” había salido de su madriguera y se movía hacia algún lugar de la cordillera Occidental, en el Cauca, con unos 15 hombres.
Una conversación entre los alias “Zorro”, “Patricia” y “Pacho Chino”, en la que hablaban de una próxima reunión con “Cano” en el Cauca, entregó más pistas.
La operación definitiva se perfiló dos semanas después al confirmarse que el líder guerrillero estaba en un pequeño campamento del Frente VI de las FARC.
El viernes, con toda la información disponible, se puso en marcha el plan, con la participación de 15 aeronaves, incluidos helicópteros “arpía” y un avión de inteligencia, así como otros sistemas de alta tecnología, entre ellos artefactos para el lanzamiento de “bombas inteligentes”.
Esta operación fue bautizada como “Odiseo”, en honor al héroe mitológico griego, en la que, según el comandante de las Fuerzas Militares, general Alejandro Navas, “participaron unos mil hombres en el terreno, hubo desembarco de tropas” y se inició hacia las 08.30 hora local.
Tras el bombardeo al campamento, enclavado en la parte alta de una montaña cercana a la represa de la Salvajina, en el Cauca, “Cano” escapó con vida junto a 14 de sus hombres.
En la huida perdió sus gafas, su billetera, su pistola, un computador y otras pertenencias que permitieron confirmar a los soldados que el guerrillero estaba en el área.
En ese momento, las tropas estrecharon el círculo, supieron que “Cano” huía con poca escolta, simularon llegar a la zona, realizaron una aparente búsqueda rápida y se retiraron.
“Cano”, oculto entre la vegetación, creyó que la tropa se había retirado, como lo había hecho otras veces; pero los soldados regresaron y se inició un combate. Al caer la tarde, el líder de las FARC “Alfonso Cano” estaba muerto.