Abrumados por la cantidad de trabajo, los grupos de ayuda en Bangladesh se esforzaban ayer para continuar ofreciendo alivio a decenas de miles de personas afectadas por el ciclón que destruyó la costa de esta nación asiática.
La preocupación inmediata es la posibilidad de brotes de enfermedades transmitidas por el agua que han matado a dos niños. Las organizaciones de ayuda trataban de hallar el origen de dichos brotes.
En algunos campamentos se produjeron altercados violentos entre los rescatistas y personas en estado de pánico que no han podido superar aún los daños dejados por el ciclón la semana pasada, que mató a más de 3.100 personas.
En Purba Saralia, casi 2.000 personas bajaron a un campamento del gobierno. El centro sólo tenía ayuda para 1.200 personas.
"Esto es una crisis. No tengo suficiente comida ni trabajo'', dijo Lal Mia, una campesina.
A pocos kilómetros, en la localidad de Basal Bar, también hubo peleas con puños. Miles de personas se congregaron alrededor de otro centro de distribución para recibir arroz.
Las enfermedades transmitidas por el agua se pueden propagar muy rápido y los funcionarios de salud temen una crisis de diarrea, ya que el ciclón destruyó muchos pozos que contenían agua potable.