Una explosión que mató a 31 personas en la región occidental musulmana de China puso nerviosos a los residentes de esa minoría por la violencia esporádica de la que no son ya inmunes.
“El peligro se encuentra aquí mismo, entre nosotros, y no nos atrevemos a salir'', dijo la hija de una mujer de 70 años hospitalizada con una fractura de cadera tras el atentado en un mercado de hortalizas. Se negó a ser identificada.
El ataque fue el más cruento en la región de Xinjiang en su historia reciente y el segundo que se ejecuta en dos meses en su capital.