Más de 330 personas, la mayoría niños, murieron el pasado 3 de septiembre en la masacre de la escuela número 1 de Beslán, tomada dos días antes por un comando terrorista integrado mayoritariamente por ingushes y llegado a Osetia del Norte desde Ingushetia.
El temor de las autoridades se debe a que ayer, los que son cristianos, han terminado terminar el homenaje a sus difuntos -que la religión ortodoxa dispone celebrar en el cuadragésimo día de la muerte-, y muchos han prometido vengar a sus familiares asesinados.
El ministerio del Interior ingush confirmó la adopción de medidas especiales para impedir que el fin del período de duelo en Osetia del Norte dé paso a posibles enfrentamientos y actos de "venganza de sangre", de larga tradición en el Cáucaso.
Líderes musulmanes pidieron a los norosetas que no busquen venganza.
La tragedia de Beslán ha avivado la antigua enemistad entre osetas cristianos e ingushes musulmanes, que en 1992 se plasmó en un sangriento conflicto armado con tintes étnicos y religiosos.
El ex presidente de Ingushetia, Ruslán Aushev, uno de los políticos más respetados en el Cáucaso ruso, dijo ayer que tienen información que terminado el duelo los hombres de Beslán empuñarán las armas en busca de los asesinos. Muchos ya han comprado armas.