El Templo de Venus y Roma, el impresionante monumento que el emperador Adriano ordenó construir en el año 121 d.C. en el corazón de Roma, reabrió al público mostrando todo su esplendor después de permanecer cerrado durante casi treinta años para ser restaurado.
Sometido a las inclemencias del tiempo y a la acción del hombre desde hace siglos, el monumento reabre ahora por primera vez tal y como el propio Adriano lo concibió.
Los trabajos han permitido volver a unir las dos celdas originales del templo, la dedicada a Roma y la dedicada a Venus, que durante un largo período permanecieron separadas por un muro.
Además, se han reconstruido parte de las paredes fracturadas y erosionadas por el paso del tiempo, se han afianzado los cimientos y se ha mejorado el sistema de desagüe en la zona para evitar que se produzcan filtraciones y desplazamientos de tierra a causa de las lluvias.
Situado en el lado sur de la colina Velia, a sólo unos metros del Coliseo, el Templo de Venus y Roma era considerado el más grande de la capital del Imperio.
Aunque fue Adriano quien ordenó su construcción en el año 121 con la voluntad de unir en un mismo espacio las estatuas de la diosa Venus y de Roma, que personificaba el Estado Romano, no fue inaugurado hasta el año 141, bajo el mandato del emperador Antonino Pío.