Intimidado y debilitado el movimiento opositor, Irán conmemoró ayer el primer aniversario de la polémica reelección del presidente, Mahmud Ahmadineyad, envuelto en un ambiente de extraña tensión.
Teherán y otras grandes ciudades del país amanecieron tomadas por la policía antidisturbios y sobre todo por las milicias radicales de voluntarios islámicos "Basij", claves en la represión de las cruentas protestas del pasado año.
A lomos de pequeñas motocicletas de fabricación china, patrullaban desde últimas horas de la noche del viernes el centro y el norte de la ciudad.
Fuentes opositoras informaron sobre enfrentamientos aislados al caer la noche cerca de la Universidad de Teherán, lo que no ha sido confirmado ni desmentido por medios de comunicación.
El jueves, el Gobernador de la capital, Morteza Tamadon, advirtió que la oposición no tenía autorización para manifestarse.