El conflicto de Tiflis con la rebelde región prorrusa de Osetia del Sur se agravó ayer con un tiroteo en las fronteras, un duelo verbal entre Georgia y Rusia y expresiones de la creciente preocupación de Occidente.
Pocas horas después de que los presidentes georgiano, Mijail Saakashvili, y ruso, Vladimir Putin, hablaran por teléfono ayer para relanzar el arreglo de esta crisis, en la autonomía separatista se produjeron intercambios de fuego entre fuerzas locales y georgianas.
Dos tiroteos, que causaron varios heridos en cada bando, se produjeron al oeste de la capital regional, Tsjinvali, a pesar de que en la zona del contencioso opera una fuerza mixta de paz formada por tres batallones uno ruso, uno georgiano y uno oseta, que suman un total de 1,500 hombres.
El presidente georgianoMijail Saakashvil, denunció ayer en una rueda de prensa que "determinadas fuerzas imperialistas en Rusia intentan involucrar a Georgia en un conflicto armado en Osetia del Sur" pese al deseo de Tiflis de establecer unas "relaciones de amistad" con Moscú.
Si ese choque se llega a producir, "ya no será un conflicto interno georgiano, sino uno entre Georgia y Rusia", advirtió el mandatario en alusión a las guerras de hace una década en las que las rebeldes autonomías georgianas de Osetia y Abjasia lograron una independencia de facto con ayuda militar de Moscú.
Saakashvili, exigió a Moscú que deje de armar a los separatistas osetas y advirtió de que "Georgia ya no es la misma de antes y sabrá defenderse".
Moscú a su vez acusó a Tiflis de "desestabilizar la situación" en Osetia al haber concentrado allí "hasta 3,000 soldados armados" y exigió la retirada de ese contingente militar para evitar "un enfrentamiento armado".