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Tóxicos peligrosos en reserva

Los agroquímicos son un peligro si se utilizan de manera indiscriminada y sin las medidas de seguridad.


LA ALARMA disparada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), hace pocas semanas, sobre el manejo inadecuado de desechos tóxicos relacionados con plaguicidas y otros agroquímicos es una realidad que toca directamente a Panamá.
De acuerdo con informes del Ministerio de Salud, unas 20 toneladas de tóxicos, que se encuentran almacenados en Bejuco, están a la espera de ser destruidos.
Sin embargo, no existen ni los recursos económicos ni métodos en el país para destruir los tóxicos, compuestos en su mayoría por plaguicidas.
De acuerdo con María Inés Esquivel, jefa de Salud Ambiental del Ministerio de Salud, es muy difícil mantener un control exacto del uso de los plaguicidas, debido a que los campesinos, en ocasiones, realizan un "cóctel" con varios insecticidas que pueden provocar intoxicaciones.
Según Esquviel, no existe un control exacto del uso y aplicación de los plaguicidas, por parte de los campesinos, y esto constituye un foco de intoxicaciones, que no siempre son reportadas a las autoridades de Salud.
Detalló que el Consejo Técnico de Plaguicidas tiene más de un año que no se reúne para analizar las nuevas estrategias de manejo de estos productos.
Sostuvo que existe un subregistro de las intoxicaciones que se producen localmente por el uso indiscriminado de plaguicidas en todo el país.
Una investigación realizada a nivel centroamericano revela que el daño causado por los plaguicidas en la región, incluye la contaminación de cuencas, áreas de suelo, costeras, pérdida de especies y la contaminación de la cadena de alimentos.
Un análisis a 32 cultivos, en seis provincias de Panamá, reveló que el 22% contenían residuos de plaguicidas y el 20% presentaron violaciones a las normas internacionales.
Las estadísticas también indican que la incidencia de intoxicaciones en Panamá alcanzan un 16.6 por cada 1, 000 habitantes.
No obstante, descubre que los efectos crónicos de exposición a plaguicidas son menos conocidos, pero están bien documentados en muchos de ellos en enfermedades dermatológicas, mutagenicidad, el cáncer, trastornos neurológicos, daños reproductivos, lesiones en pulmón e hígado.
Esquivel puntualizó que estas situaciones se presentan con mayor frecuencia en las áreas rurales e indígenas en donde la población realiza un manejo inadecuado de los pesticidas y los envases en donde son almacenados.
Alegó que estos hechos evidencian la necesidad de aprender a vivir con estas sustancias, que se encuentran en los alimentos e incluso en el agua.
Dijo que en muchos lugares, quienes realizan las aplicaciones de los plaguicidas no utilizan protección.
A raíz de ello se elaborará un mapa de riesgo de plaguicidas para establecer aquellos lugares de mayor peligro.
También consideró como urgente la construcción de un centro de acopio de los desechos de estos agroquímicos y buscar métodos seguros para su destrucción.
Planteó que existe un creciente uso de insecticidas y plaguicidas a nivel doméstico que pueden ocasionar graves perjuicios si son manejados de manera irresponsable.
Una de las áreas que más les preocupa son las comarcas indígenas porque con mucha frecuencia usan los envases de plaguicidas para recoger agua.
Aquí el peligro -detalló - es que puede haber un efecto acumulativo en el cuerpo de quienes utilizan estos envases.
A la fecha, no existe un estudio detallado sobre los niveles de contaminación en áreas en donde los plaguicidas, acaricidas y fertilizantes, son utilizados de manera intensiva.
Tampoco hay una investigación sobre la contaminación producida en aquellas zonas en donde se desarrolla la agricultura extensiva y las fumigaciones se realizan con aviones.
En estas zonas las fumigaciones son arrastradas por el viento y, en ocasiones, caen en los cuerpos de agua o comunidades adyacentes a los sembrados.
La vigilancia epidemiológica en estos casos es casi nula y no funciona como se requiere para monitorear si existen impactos en las comunidades, afirma.
Un reciente informe de la FAO reveló que unas 30,000 toneladas de pesticidas tóxicos se encuentran diseminados en países latinoamericanos.
De acuerdo con el citado informe se requiere de personal especializado para proceder a la destrucción de estos materiales de una forma segura.
La destrucción de las 20 toneladas acumuladas en el depósito de Bejuco puede costar más de B/.75,000.
Una alternativa sería acumular los desechos de Centroamérica en un embarque.


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196343
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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