Los cirujanos del hospital al Tahrir temen cada vez más las represalias de los familiares de sus pacientes que, cuando están descontentos de una operación, les amenazan de muerte e incluso han llegado a entrar en el quirófano armados con fusiles de asalto kalashnikovs. Los cirujanos de este hospital de Basora, la mayor ciudad del sur de Irak, continúan haciendo sin embargo las intervenciones más urgentes.
"Tienen miedo de operar. Sólo garantizamos las urgencias", explica el jefe de los cirujanos del hospital. "No tenemos ninguna protección. No hay seguridad y los británicos no hacen nada", agrega el doctor Ohanis Krecor. "Nos falta material y medicinas, pero el problema más importante es la falta de seguridad", subraya otro cirujano, Mohamed Falé.
En la época de Sadam Hussein no se podían producir este tipo de incidentes. Los hospitales no gozaban de ninguna protección especial, pero la naturaleza represiva del régimen disuadía de antemano a cualquiera que quisiera intimidar a un médico.
"Uno de nuestros colegas operó a un paciente, hubo una complicación imprevisible y murió. Fue un accidente, no una falta profesional. Poco después, la familia amenazó con matarlo si no le daba dinero. Es un chantaje inaceptable", explica el médico. Los cirujanos se reunieron y acordaron suspender todas las operaciones no esenciales.
Mohamed Fale relata también la historia de un paciente que sufría fracturas en una pierna y cuya prótesis tenía que ser reposicionada. La operación tuvo que retrasarse debido una urgencia y el paciente fue enviado a casa. Regresó una hora más tarde con una granada de mano y un kalashnikov, y amenazó al equipo del cirujano.