Tras lidiar con la plaga de castores canadienses durante décadas, científicos han diseñado un plan para convertir a estos roedores en tentadores platos "gourmet", aunque esta estrategia se enfrenta a trabas administrativas que, de momento, han salvado a los animales de la cacerola.
Los castores fueron introducidos en Tierra del Fuego en 1946, cuando la Marina argentina importó 25 parejas de Canadá con el fin de expandir la industria peletera, pero el proyecto fracasó y los animales comenzaron a multiplicarse sin control porque en Argentina sus depredadores naturales están ausentes.
Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas apuestan ahora por convertir los castores en protagonistas de los menús de los restaurantes de Ushuaia, capital de Tierra del Fuego.
De hecho, varios chefs han echado a volar la imaginación y han creado pastas rellenas, empanadas y hasta paté de castor.
Los estudios sostienen que es una carne apta para consumo humano y que tiene una serie de cualidades importantes, con buen nivel de ácidos grasos.