El mes pasado, los votantes argentinos eligieron presidente a un empresario de derecha contra el sucesor designado por la presidenta Cristina Fernández, y el Congreso en Brasil inició una investigación para determinar si somete a juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, cuyos índices de aprobación permanecen alrededor del 10%.
En lo que constituye acaso el vuelco más espectacular, el electorado venezolano, donde comenzó el giro a la izquierda de la región, entregó a la oposición un triunfo por un margen abrumador en las elecciones legislativas por primera vez desde que el "anti-yanqui" Hugo Chávez ganara la presidencia en 1998.
La reacción se produce en medio de una tormenta económica como no se veía desde hace décadas. Todas las dinastías políticas están pagando el costo de tener economías en quiebra y una corrupción desenfrenada, pero la mayoría de los gobiernos sudamericanos están en manos de izquierdistas que llegaron al poder cuando la economía de China iniciaba una época de fuerte crecimiento en los últimos 15 años y demandaba materias primas provenientes de la región.
"En el fondo, estamos viendo en América del Sur de manera generalizada un recordatorio de que el péndulo político se mueve'', dijo el senador colombiano Antonio Navarro Wolff, un ex dirigente de la guerrilla izquierdista M-19.
En la Argentina el empresario Mauricio Macri, que parecía perder en las encuestas, ganó la presidencia con la promesa de anular muchas medidas izquierdistas de Fernández, sobre todo en materia económica. En su primera semana en funciones derogó los impuestos sobre las exportaciones agrarias y el control cambiario al que se atribuye el florecimiento del mercado negro.
En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff lucha por su vida política. El Congreso inició este mes un proceso que podría culminar en un juicio político, ante acusaciones de que Rousseff violó normas fiscales para cubrir déficits presupuestarios destinados al gasto social. Esto sucede en el marco de una economía en contracción y con la petrolera estatal Petrobras sumida en un escándalo de sobornos millonarios pagados a sus aliados políticos. Las encuestas dicen que Rousseff es la gobernante más impopular desde la restauración democrática de 1985 tras la dictadura militar.
Pero el riesgo mayor de turbulencia, de lejos, se presenta en Venezuela.
Tras su victoria en las legislativas, la oposición parece estar en situación de desafiar al presidente Nicolás Maduro, que se encuentra en una situación de debilidad creciente. En lugar de permitir que sus enemigos compartan el costo político de las reformas necesarias para frenar la inflación galopante y las carencias de productos básicos, Maduro hasta ahora sólo ha prometido reforzar las políticas estatistas que han sumido al país en el atolladero y hacer caso omiso al que llama un "Parlamento burgués".
Claves
- Con todo, sería un error decir que la izquierda ha perdido toda su fuerza. El movimiento peronista conserva la mayoría en el Senado, el Partido de los Trabajadores de Rousseff sigue siendo la agrupación política más poderosa y los aliados de Maduro obtuvieron el 33% de los votos a pesar de los pronósticos de una contracción económica.
- Otros izquierdistas acérrimos todavía pisan terreno firme, como el ecuatoriano RafaelCorrea, con un índice de aprobación de 52% a pesar de que su economía petróleo-dependiente brega por no caer en la recesión.
- En lugar de un resurgimiento de las derechas podría haber una división entre pragmáticos e ideólogos, dice Christopher Sabatini, un especialista.