Como si hubieran sido pintados ayer, el jefe del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio, Zahi Hawas, mostró los vivos colores de una tumba de hace 4.200 años, encontrada en el sitio arqueológico de Saqara, a 25 kilómetros al sur de El Cairo.
"Son los colores más increíbles nunca antes encontrados en una tumba", dijo Hawas ante los periodistas, que bajo el inclemente sol de julio intentaban tomar nota de las antigüedades robadas a las arenas egipcias y de las explicaciones del egiptólogo más mediático del país.
Al enterramiento, que en realidad son dos, se llega tras transitar varios kilómetros por una inhóspita pista de arena, desde donde se puede ver a unos cientos de metros la pirámide escalonada del faraón Zoher.
En ella descansaban los restos de dos altos funcionarios de la V dinastía faraónica (2500-2350 a.C): Sin Dua, sepultado en la sala principal de la tumba, y su hijo Jonso, cuyos restos fueron depositados en una sala adyacente a la de su padre.