La adopción del coral por parte de turistas es la última iniciativa de Indonesia para salvar a los arrecifes maltratados por la contaminación, los desastres naturales y su captura furtiva.
En Pangandaran, en el sur de la isla de Java, la organización KMPP comenzó a trasplantar coral después de que un “tsunami” en 2006 barriese gran parte de la costa, llevándose por delante centenares de vidas humanas y alterando el ecosistema marino.
Desde hace unos meses, y con la colaboración de la Organización Mundial del Turismo, se han sumado los visitantes foráneos.
"Nuestra voluntad es integrar a los turistas en los trabajos de la comunidad local y educarlos en el respeto por la naturaleza mientras se divierten y realizan un ‘tour’ alternativo", explica Budi, experto del proyecto.
Al viajero se le anima a apadrinar un pólipo de coral, que es trasplantado desde un arrecife sano a zonas devastadas con anterioridad, donde se espera que el organismo pueda crecer ahora sin amenazas.
Procedimiento
El visitante sube a bordo de un bote que lo lleva a poco más de 500 metros de la costa, lejos de los ruidosos motores de los barcos, en una ensenada natural protegida de las olas del mar.
Desde allí y pertrechado con gafas, tubo de buceo y un chaleco salvavidas, el "padrino" acompaña nadando al submarinista profesional encargado de trasplantar el esqueje de coral.
A una profundidad de alrededor de cinco metros están ubicadas las plataformas de cemento de las que sobresalen los clavos que sirven de anclaje para estos "huertos de coral".
Rodeado de los primeros peces que pueblan este proyecto de jardín coralino, el turista sigue en todo momento desde el mar el procedimiento, que culmina con la plantación de su coral personalizado con una placa en la que figuran su nombre, nacionalidad y la fecha de adopción.
"El 85 % de los corales que plantamos sobrevive", detalla Budi, que añade que cada cierto tiempo envían por correo electrónico a los "padrinos" información sobre el estado de sus "ahijados".
Por este motivo, incluso antes de que los turistas suban al bote que les llevará a la zona de los corales, los especialistas de KMPP les relatan las consecuencias del maremoto de 2006 e intentan imbuir en ellos la pasión por la naturaleza.
"Tras el desastre llegaron multitud de donaciones. Sin embargo, la población se volvió avara y en vez de respetar más el mar comenzó a saquearlo", reconoce Budi.
Ahí germinó la idea de crear un proyecto que enseñase a los locales a cuidar el medio ambiente.
Pangandaran es un pueblo costero cuyos ingresos provienen en su mayoría de la pesca y el turismo.