Los líderes europeos pusieron en marcha ayer en Sevilla (sur de España) un ambicioso plan de lucha contra la llegada de "sin papeles" a la Unión Europea (UE), en medio de una ola de atentados y de una serie de manifestaciones antimundialistas.
Los Quince, que aseguraron en todo momento que no quieren sancionar a los países de fuera de la UE que dejan salir a imigrantes ilegales en dirección de Europa, decidieron que revisarán el número de países a los que exigen visado, que repatriarán a los clandestinos a sus lugares de origen y que reforzarán el control de sus fronteras.
Al ser interrogado por la prensa, el actual presidente de la UE y del gobierno español, José María Aznar, eludió precisar si los Quince añadirán a otros países latinoamericanos a la lista de países a los que se les exige visado, en la que ya se encuentran Cuba, República Dominicana, Colombia y Perú.
Mientras los jefes de Estado y de gobierno de la UE daban el visto bueno a este programa, en el recinto de la universidad Pablo Olavide de Sevilla unos 400 emigrantes ilegales llevaban a cabo una huelga de hambre de 48 horas para pedir documentos.
Mientras los mandatarios europeos tomaban decisiones en Sevilla bajo un fuerte dispositivo de seguridad de 9,300 policías y vigilancia aérea, la organización independentista armada vasca ETA hizo estallar un artefacto explosivo y otro coche bomba estallaron en Mijas (sur) y Santander (norte), respectivamente.
Mientras, el líder palestino, Yasser Arafat, expresó su satisfacción por la declaración final de la Cumbre, en la que piden el establecimiento de un Estado palestino con las fronteras de 1967.