El vicepresidente estadounidense Dick Cheney y el director de la NASA, Sean O"Keefe, dirigieron ayer, el cortejo en el último homenaje a los siete astronautas muertos al estallar la nave Columbia, en una ceremonia realizada en la Catedral Nacional de Washington.
"El sábado por la mañana trajo terribles noticias para todos los estadounidenses, y la bandera de nuestro país fue puesta a media asta en honor de nuestros astronautas del Columbia", dijo Cheney.
"El Columbia se perdió, pero los sueños que inspiraron a su tripulación permanecen con nosotros", afirmó. "Estos sueños son llevados por los familiares de los astronautas, que incluso en el dolor, pidieron a Estados Unidos seguir con su programa espacial", agregó.
La ceremonia fue mucho más chica que la que dirigió el presidente George W. Bush el martes, cuando 10,000 personas -incluyendo a familiares de los fallecidos- llenaron las instalaciones del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston.
Mientras, cientos de soldados de la Guardia Nacional estadounidense, policías y voluntarios recorrieron pequeño pueblo de Texas, buscando lo que se cree es un aparato altamente secreto que cayó del Columbia cuando el transbordador espacial se desintegró la semana pasada.
Los equipos de rastreo se organizaron en filas para buscar calle por calle y usaron machetes para abrirse paso entre los bosques que rodean al pueblo de Bronson, ubicado 200 kilómetros al noreste de Houston, cerca de los límites de los estados de Texas y Louisiana.