En un país donde la mayor parte de su historia se ha transmitido de forma oral y cuyos edificios más antiguos datan de apenas un siglo atrás, contar con una reliquia como el altar de Nyeri, que será usado por el papa durante su visita a Nairobi, es un motivo de orgullo para los católicos kenianos.
"Elegimos el altar por su rica historia y por el profundo simbolismo religioso que tienen sus grabados", explica el padre Peter Githinji, de la archidiócesis de Nyeri, en el centro del país.
El altar fue construido por los misioneros de la Consolata a principios del siglo XX y, aunque no se sabe el año exacto, el padre Peter estima que fue entre 1916 y 1918, porque por aquél entonces la misión puso en marcha un taller de ebanistería en Mathari, Nyeri, que obtendría un gran reconocimiento por sus piezas artesanales.
Uno de los hermanos era un habilidoso artesano que utilizó la ebanistería para relacionarse con la población local, sobre todo con los jóvenes de la comunidad, a los que enseñó a trabajar la madera. La primera pieza fue precisamente este altar de color chocolate, puesto que necesitaban uno para celebrar misas.
"Para nuestra archidiócesis es un orgullo que el papa Francisco celebre una misa con este altar, ya que también fue utilizado para la beatificación de la hermana Irene Stefani en mayo de este año", añade con gran ceremonia el padre Peter, que fue el encargado de llevar su causa al Vaticano, donde conoció al papa.
La elección del altar de Nyeri es una satisfacción personal para el reverendo, que espera con impaciencia la llegada del papa Francisco a Kenia. Esta vez será el pontífice el que visite su tierra y podrá devolverle la hospitalidad con la que fue tratado en el Vaticano.
En la parte frontal, el altar tiene un grabado en el que una mano sujeta un bol con pan y otra una jarra de vino encima de un tabernáculo. "Representa la eucarística y el sacrificio que hizo Jesucristo en la cruz ofreciendo su cuerpo y su sangre para salvar a la raza humana", añade el padre Peter.
La parte trasera tiene una paloma vertiendo agua sobre un bol, que representa "el descenso Espíritu Santo durante el bautizo", y debajo hay un cesto con pan encima de un pez, escenificación del milagro de la multiplicación de los panes y los peces contado en los Evangelios y "símbolo del alimento espiritual en la vida divina".
La última talla es un pelícano con sus crías posado encima de un globo terráqueo. El pelícano ayuda a los pequeños a comer de su propia carne, lo cual es una alegoría "del máximo sacrificio" de un progenitor hacia sus hijos, tal como hizo Jesucristo con la Humanidad.
"Todavía no sabemos cuándo vendrán a buscarlo, así que de momento hemos decidido guardarlo en un lugar seguro mientras se ultiman los preparativos, ya que es una pieza de valor incalculable", sentencia el padre Peter.
Antes de viajar a Nairobi, el altar también fue utilizado para celebrar el 85 aniversario de la muerte de la monja italiana, fallecida el 31 de octubre de 1930 y que era conocida entre los locales como "Nyaatha", que significa "madre de la misecordia" en kikuyu, la tribu mayoritaria en la zona central de Kenia.
A pesar de las insistentes peticiones de que el papa visitara Nyeri, su apretada agenda para los escasos tres días que durará su visita a Kenia no permite viajes fuera de la capital, pero los feligreses de la zona han encontrado en el altar al emisario perfecto para conectarles con el pontífice.