Mundo

Un duro trabajo para los niños salvadoreños


Joel Rivera, de 12 años, perdió el año escolar 2003 debido a una lesión en una pierna causada por un machete, mientras trabajaba en un campo de azúcar de El Salvador.
El pequeño de piel morena, pelo lacio y sonrisa dulce trabaja para ayudar a su madre y a sus tres hermanos a sobrevivir. El es uno de los 5,000 niños de El Salvador que trabajan en ese rubro agrícola considerado peligroso por organismos humanitarios y por quienes luchan para erradicar el trabajo infantil.
"Trabajo desde los nueve años", manifestó con mucho orgullo, aunque admitió que le gusta estudiar y siente especial atracción por las matemáticas.
Cansado, después de unas cinco horas de trabajo bajo el ardiente sol de junio en las planicies que rodean al ingenio San Francisco, unos 35 kilómetros al norte de San Salvador, Joel se prepara a asistir al quinto grado, donde es uno de los estudiantes destacados.
El azúcar es el segundo cultivo de exportación de El Salvador, después del café.
Cerca de 222,000 niños trabajan en el país, de los cuales al menos 30,000 lo hacen en empleos peligrosos como la cosecha de la caña de azúcar, de acuerdo con el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), que forma parte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El trabajo en las plantaciones de azúcar incluye el corte y la quema de la caña bajo el ardiente sol, lo que provoca frecuentes accidentes. Organizaciones del trabajo internacionales y el propio gobierno ha reconocido que el trabajo es peligroso, aún para adultos con experiencia.
"Vamos a crear una estrategia en la próxima cosecha azucarera para verificar que no existan niños haciendo trabajos peligrosos en el campo", dijo recientemente el ministro de Agricultura, Mario Salaverría.l Según las leyes del país, los menores pueden trabajar desde los 14 años, pero no en empleos peligrosos ni que interfieran con sus estudios.


fecha edicion
old id
159289
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América