Mundo

Un hombre tocado por Dios

Un accidente lo dejó cuadrapléjico, pero la experiencia lo elevó para sentir el toque de Dios.


HAY PERSONAS cuidadas por ángeles y tocadas por Dios. Un grave accidente automovilístico en una autopista en Estados Unidos dejó a José Peralta en estado "cuadrapléjico", es decir, de su cuerpo solo podía mover la cabeza.
Al parecer, durante el accidente, algún objeto extraño se le introdujo en la C3, una de las vértebras cerca de la nuca, creó un coágulo que causó daño a la médula espinal.
"Ha sido una batalla bastante fuerte y hasta de obstinación por parte mía", así define la lucha que inició para curarse a pesar de que los médicos le diagnosticaron un daño irreversible, inoperable y sin tratamiento alternativo. Sufrí mucho, lloraba a solas y hasta le pregunté a Dios ¿por qué yo?
José estaba en un país extraño, su hermano no podía estar mucho tiempo con él debido a sus obligaciones laborales y no le habían dicho nada a los familiares en Panamá para no mortificarlos.
Un buen día los doctores le dijeron que no podían hacer más nada por él y que su daño era irreversible: "Váyase para la casa", pero él no lo aceptó y siguió trabajando para recuperarse.
Un buen día, uno de sus dedos comenzó a moverse y los médicos iniciaron el proceso de rehabilitación.
Explicó que el Gobierno estadounidense lo trasladó a un hospital especial y pagó todas las cuentas hospitalarias, pues el accidente ocurrió en una autopista estatal.
La recuperación fue lenta, dice José, pero más rápida que en otros pacientes y a los tres meses se había restablecido notablemente y salió del hospital caminando con un bastón.
"Yo diría que fue un gran milagro, porque los médicos nunca encontraron el objeto que supuestamente se introdujo en mi cuerpo, y como experiencia puedo decir que un día estaba en la cama del hospital llorando desesperado por mi situación, cuando de repente se sentí rodeado de luz, dejé de llorar y me sentí aliviado, y fue después de esa experiencia que pude mover el dedo".
Narró también su experiencia el día que sufrió el accidente. Se encontraba boca abajo en la autopista, no podía ver el resto de la vía, pero recuerda haber visto en frente de él a una niña rubia que le decía en inglés: " No te preocupes, todo va a estar bien", y cuándo preguntó quién era aquella niña, la respuesta fue unánime, no había ninguna niña involucrada en el accidente, por lo que asegura que esa niña era su ángel guardián.
Quedar cuadrapléjico, y que los médicos te digan que no tienes remedio, y luego salir airoso, además vivir para contarlo y querer ayudar a los demás, no es una experiencia fácil de explicar,
Al preguntarle qué había aprendido, sencillamente respondió: Tener fe en Dios, en uno mismo y darse cuenta que los seres humanos tenemos un gran potencial, a pesar de cualquier adversidad seguir adelante, plantearse metas todos los días, y cuando la superas establecer una nueva".
De vuelta en Panamá, todavía con movilización limitada, fue atendido en fisioterapia del Hospital Nicolás A. Solano durante varios años hasta ser el hombre de hoy día, que si usted lo ve jamás creería que estuvo cuadrapléjico.
Además de recuperarse, José estudió en la Universidad de Panamá y obtuvo su título de Contador Público Autorizado, y actualmente labora en la prestigiosa empresa KPMG donde conocen la condición en que vivió y superó, pero aun así lo han aceptado, cosa que no ocurrió con otras empresas donde en la hoja de vida informaba la enfermedad que sufrió, y a pesar de las promesas, nunca le llamaron para darle el empleo. José es una de esas personas que nos da la sensación de haberlas visto antes.
A esto los franceses la llaman "Déjá Vú", que quiere decir "ya visto", o la extraña sensación de haber vivido antes una determinada situación.
Una de sus metas, a corto plazo, es trabajar para ayudar a las personas con discapacidad, y devolver un poco lo que le ha dado Dios. Por eso ha contactado a la Secretaría Nacional de Personas con Discapacidad (SENADIS) para brindar su ayuda como voluntario.
José da gracias a Dios todos los días por su salud y por tener un trabajo. Dice que a veces no se explica cuando algunas personas viven pegadas al reloj para ver cuándo es la hora de salida, ya que a él no le importa tener que trabajar más horas, porque ese trabajo es un regalo de Dios.
Desde 1987, y después de la invasión de 1989, muchos panameños emigraron hacia otros países, especialmente Estados Unidos y Canadá buscando una mejor vida.
José Peralta fue uno de ellos. En ese entonces tenía 22 años. Viajó en 1990 viajó a Chicago, Estados Unidos, donde vivía su hermano para crecer profesionalmente, hasta que el accidente dio un nuevo giro a su vida.
Pero su especial personalidad lo ha llevado a superar barreras de lo imposible. Su positivismo transmite la sensación de que lo conocemos desde hace mucho tiempo.


fecha edicion
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202215
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América