Desde el siglo XIX se sabe que algunas células cancerosas pueden "escapar" del tumor sólido e ir a parar al torrente sanguíneo del paciente, donde apenas representan una proporción de una por cada mil millones de células.
Localizarlas y saber identificarlas entre glóbulos rojos y blancos es fundamental para conocer la evolución de la enfermedad y predecir posibles recaídas; sin embargo, ésta no es tarea fácil.
Un equipo de científicos del Hospital General de Massachusetts en Estados Unidos parece haberlo conseguido con un dispositivo aparentemente sencillo y más eficaz que los intentos que se habían llevado a cabo hasta ahora.
Sus conclusiones, que esta semana se publican en la revista "Nature" indican que un análisis de sangre bastaría para aislar y analizar con gran precisión estas células tumorales circulantes.
Su superficie está formada por unos 79,000 orificios recubiertos con un anticuerpo capaz de atraer una proteína que expresan la mayor parte de los tumores sólidos. Sobre ella se hizo fluir la sangre en unas condiciones muy controladas para no dañar o contaminar estas frágiles células, un problema con el que ya se habían encontrado algunas iniciativas previas.
Debido a la escasa proporción de estas células malignas en el torrente sanguíneo, hasta ahora había sido imposible analizar una cantidad de sangre suficiente como para dar con ellas de manera fiable.
Este nuevo sistema solventa este problema porque sus chips son capaces de analizar la muestra a gran velocidad, pero con la eficacia suficiente para que las células tumorales circulantes se queden 'pegadas' a la proteína al pasar por el dispositivo.
"Todo el proceso es muy sencillo y realmente bello", dijo Toner, pues "la sangre se extrae mediante un análisis rutinario y no necesita ningún tipo de preparación previa". Añade que estos 8 mililitros, contienen aproximadamente 60,000 millones de células, "de las que sólo 100 o 1.000 son cancerosas.
En total, de los 116 análisis que se realizaron con este material, el chip identificó células circulantes en 115 casos; mientras que, al contrario, cuando se examinó sangre de voluntarios sanos, el test no identificó ninguna de estas unidades tumorales.
Asimismo, este 'laboratorio en un chip' (lab-on-a-chip, como se denomina en inglés) demostró que el nivel de células malignas que se hallaron en el torrente sanguíneo oscilaba en función del tamaño de tumor y su respuesta a los tratamientos, lo que podría emplearse en un futuro como indicio de si la terapia antitumoral seleccionada está funcionando o si es necesario elegir nuevos fármacos.
"Sus aplicaciones son muy extensas, por lo que podremos evaluar a los pacientes en tratamiento contabilizando el número de células circulantes", dijo el director del centro de cáncer del Hospital General de Massachusetts.