Las cálidas aguas de la Isla de la Plata, frente a las costas de Ecuador atraen, entre junio y septiembre de cada año, a cientos de ballenas jorobadas que llegan desde la Antártida.
Se calcula que son más de 2000 las que abandonan ese gélido hábitat para avanzar más de 16.000 kilómetros a aguas ecuatoriales en el océano Pacífico, bordeando la silueta de Suramérica por Perú y Colombia, pasar por Costa Rica y llegar hasta México.
Muchas se quedan en el mar de Ecuador para comer, aparearse y parir.
La confluencia de las corrientes fría de Humboldt y cálida de El Niño convierten a esa zona marina en una tibia bañera, ideal para estos grandes cetáceos.