El presidente ucraniano, Viktor Yuschenko, que el jueves destituyó a su gobierno en pleno, afronta una nueva situación que podría ser peligrosa para sus intereses políticos, ya que su carismática ex primera ministra, Yulia Timochenko, anunció que se presentaría a los comicios de marzo.
Las declaraciones de la popular líder de la "revolución naranja" anunciando que se presentaría a las legislativas de marzo desvinculada del jefe de Estado supone que el "dream team", que hace menos de un año se hizo con el poder, está descompuesto.
"Sin duda alguna hoy somos dos equipos diferentes y cada uno de esos equipos va a seguir su propio camino", anunció Timochenko durante una entrevista con la televisión ucraniana.
Las elecciones de marzo son cruciales para el presidente ucraniano, ya que Yuschenko necesita una victoria convincente para poder proseguir con sus reformas, destinadas a acercar Ucrania a Occidente, y particularmente a la UE.
En los comicios, el presidente y sus aliados tendrán que hacer frente a Timochenko, conocida no sólo por su belleza, sino por su gran peso político y su perseverancia para llevar a cabo con éxito sus proyectos. "Ella es más eficaz cuando está en la oposición", resumía una analista. Aunque la ex jefa de gobierno anunció que no haría la "guerra" a Yuschenko, sus declaraciones parecían indicar lo contrario.
McMasters expresó que la mayoría de los insurgentes capturados eran "iraquíes y no extranjeros"".
Al sur de Bagdad, la Policía hizo otro truculento descubrimiento, al encontrar los cadáveres de 18 hombres que habían sido esposados y asesinados a balazos.
"Hace dos días, varios pistoleros vestidos con uniformes policiales entraron en varias viviendas de la urbanización chiíta de Iskandariya"", dijo el capitán de la Policía Adel Kitab.
Decenas de personas han sido asesinadas por "escuadrones de la muerte"" chiítas y sunitas en las últimas semanas. El Aeropuerto Internacional de Bagdad, fue reabierto tras permanecer cerrado, por una disputa monetaria entre el gobierno y una compañía británica de seguridad.
La mayoría de los residentes de Tal Afar son turcomanos, vinculados a Turquía por lazos étnicos y culturales, de religión suní. La ciudad está controlada por los chiítas.
Hubo intensos tiroteos en el distrito de Sarai la parte más antigua de la ciudad y el mayor cuartel de los insurgentes.