Las pruebas de ADN que realiza la Universidad de Granada podrían contribuir a aclarar alguno de los enigmas que rodean la vida de Cristóbal Colón, un personaje envuelto en el misterio, que él mismo y su familia alimentaron.
Cinco siglos después de su muerte se ignoran datos clave de su biografía, como dónde y cuándo nació, dónde está enterrado, o de qué información disponía cuando emprendió el viaje al Nuevo Mundo.
Para tratar de desenredar parte de la maraña, el Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Granada (sur de España) trabaja desde hace años en los "Estudios de Identificación de Cristóbal Colón", dirigidos por el profesor José Antonio Lorente.
Este forense se ha convertido en una de las personas más buscadas por la prensa ante el V Centenario de la muerte del Almirante, uno de los pocos datos de su biografía sobre los que hay una certeza absoluta: Colón falleció el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.
Los análisis corresponden al ADN de los restos conservados en Sevilla, al sur de España, los supuestamente pertenecientes a Diego, uno de los dos hermanos conocidos de Colón, que estaban depositados en La Cartuja, y los atribuidos al Almirante y a su hijo natural Hernando, enterrados en la catedral.
En 2004, este equipo presentó sus primeros resultados, que no descartaban que los restos de Sevilla correspondieran a Colón.
También solicitaron permiso para analizar los restos conservados en Santo Domingo -el otro lugar que disputa el honor sobre el lugar de descanso de Colón-, pero las autoridades dominicanas lo denegaron cuando supieron que el objetivo era un estudio genético.
Colón recibió sepultura en Valladolid, pero luego sus restos fueron trasladados a Sevilla, y en 1541 a Santo Domingo, a instancias de su nuera, la virreina María de Toledo.
En 1795, cuando Santo Domingo pasó al dominio de Francia, las autoridades españolas enviaron sus huesos a La Habana, y en 1898, cuando Cuba fue ocupada por los estadounidenses, los devolvieron a Sevilla, en cuya catedral quedaron depositados.
En 1877 se descubrió en la catedral de Santo Domingo una urna de plomo con el nombre de Colón, por lo que desde entonces las autoridades dominicanas insisten en que los españoles se equivocaron de restos y se llevaron a La Habana los de Diego Colón, único hijo legítimo del navegante y de su esposa Felipa Monis de Perestrello, y no los de su padre. Además de este proyecto para esclarecer dónde está enterrado Colón, el Laboratorio de Identificación Genética de Granada trabaja también en otro que pretende averiguar donde nació.
Mientras Santo Domingo y Sevilla se disputan los restos de Cristóbal Colón, cientos de personas visitan cada día la urna de plomo que contiene en el Faro a Colón, en la capital dominicana, los supuestos restos del Almirante. Tiene la inscripción "Yllustre y Esdo (Esclarecido), Varon Dn. Cristoval Colon" y es un gran mausoleo erigido en 1992 con motivo del V Centenario de la llegada del navegante a América.
Para esclarecer este misterio se realizan investigaciones que tratan de contrastar el cromosoma Y -el único heredado por vía paterna- del ADN de su hijo Hernando (cuyos restos están mejor conservados) con el de personas vivas que tengan un apellido vinculado de algún modo con el del Almirante, y residentes en regiones donde, según las diversas teorías, pudo nacer el navegante.
En este momento, y según un comunicado difundido por Lorente el pasado día 11 de mayo, "se ha concluido el estudio de regiones de ADN no codificante del cromosoma Y de un total aproximado de 350 muestras de personas de apellido Colom y con antecedentes generacionales de haber habitado en Cataluña, Baleares, Valencia y sur de Francia".
"Se están estudiando igualmente muestras de personas de apellido apellido Colombo que viven en las regiones del norte de Italia (Génova y Milán)", en un proceso coordinado por la Universidad "Tor Vergata" de Roma, según el comunicado firmado por Lorente.
Este proceso "está siendo muy lento, lo cual hace que estos análisis no se hayan podido finalizar".
Una vida cargada de misterios
En medio de una disputa reconocen que el Almirante abrió las puertas a la modernización de la humanidad.