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Uribe, ha vivido la guerra en sangre propia


Cuando las FARC asesinaron a su padre 20 atrás, el gobernador de Antioquia, Alvaro Uribe asumió consigo mismo el compromiso de acabar con el baño de sangre que desborda a su país. Para llevar a cabo el compromiso, Uribe no se detuvo ante nada, a menos que fuera ilícito. Vivió rodeado de guardaespaldas, sorteó atentados, dividió a su propio partido en la pugna presidencial, en suma hizo todo lo necesario para acabar con la calamidad de la guerrilla desde la jefatura del Estado.
Hoy empiezan a correr los relojes para el cumplimiento de la misión titánica de Uribe en la que fracasaron sus antecesores de la casa de Santander. El sabe a lo que se enfrenta. “Ninguno de los problemas de Colombia se resuelve en cuatro años”, declaró Uribe cuando era candidato. Sin embargo, si en su período presidencial se acomete el problema de la violencia sin jugar para la galería, tal como lo hizo Andrés Pastrana, los que vengan después recibirán tal vez un país distinto.
Por lo pronto Uribe contará con un aumento de mil millones de dólares anuales para el gasto militar. Su meta es tener un pie de fuerza de 100 mil policías que le permita cubrir los espacios territoriales hoy desguarnecidos y recuperar el control en los lugares de la geografía colombiana donde las FARC liquidaron u obligaron a retirarse a los gendarmes.
Uribe ya recurrió a la ONU para que intente una mediación realista con la guerrilla, como el último paso para encontrar una salida pacífica. Pero quienes conocen a Uribe saben que, una vez se agote el diálogo, y la guerrilla persiste en la violencia, entrará con todo a barrerla. Las escuelas de policía duplicarán su capacidad en la preparación de patrulleros, escuadrones de carabineros y policías entrenados en la contrasubversión, a partir del próximo año.
En el plano político, Uribe se propone impulsar las reformas que anunció en su campaña, tales como la reducción del Congreso y la eliminación algunos ministerios. Su propósito es aliviar la retórica parlamentaria innecesaria y trabajar sin trabas burocráticas. Por ahora asegura a sus adversarios que estos cambios no persiguen construir un nuevo autoritarismo sino suprimir la adiposidad burocrática que impide la toma de decisiones de efecto inmediato.
No faltan quienes temen que Uribe lleve a Colombia a una guerra civil con asesoramiento norteamericano. Pero sus asesores responden que la guerra civil existe hace medio siglo antes de la llegada de los liberales rebeldes con el abogado Uribe a la cabeza y que lo llevará adelante es implantar la paz con la fuerza militar indispensable para acabar con el equívoco maridaje de guerrilla y narcotráfico.
Con una producción de 580 toneladas de cocaína y 7 mil kilos de heroína , más 3 mil secuestros al año y coches bombas por todas partes, las cifras le dan la razón.
El pueblo colombiano creyó en Alvaro Uribe y él tiene la gran oportunidad de responder a esa confianza.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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