Al mediodía, la hora de mayor bullicio, las calles de Kabul se muestran repletas de escolares uniformados, que finalizan su jornada lectiva, y muy concurridas por gran número de hombres y menos mujeres, especialmente en la zona del bazar central.
La temperatura es elevada para la época y se espera que, hasta después de los comicios, se mantenga el tiempo soleado, pero la luz de la ciudad está siempre tamizada por la nube de polvo que levantan en sus mal pavimentadas calles los vehículos que la han invadido desde hace tres años, cuando cayó el régimen Talibán.
De los 2.5 millones de refugiados afganos que han regresado a su país desde los vecinos Pakistán e Irán en los últimos 18 meses, casi millón y medio se han concentrado en Kabul, al no encontrar seguridad ni medios de subsistencia en sus regiones de origen.
La devastación originada en Kabul por dos décadas de guerras sigue omnipresente, aunque ahora se observa gran actividad en la construcción y, mientras el Gobierno, con ayuda internacional, levanta nuevos edificios oficiales, también son muchos los particulares que reconstruyen o reparan sus viviendas y comercios.
Para los afganos, el resultado de los comicios está claro, ya que todos están convencidos de que el actual presidente interino, Hamid Karzai, ganará las elecciones.
El sábado votarán 11.5 millones de electores.
Dieciocho candidatos se presentan a las elecciones del 9 de octubre, en las que el favorito es el presidente interino, Hamid Karzai, de la etnia pastún, a la que pertenece un 39% de la población, y que cuenta con un fuerte respaldo internacional.
Sólo el tayiko Yunis Qanuni, cuya etnia supone un 31% de la población y que tiene el apoyo de los ministros de Defensa, Mohamed Fahim, y de Exteriores, Abdula Abdula, podría hacer sombra a Karzai.
Entre el resto de aspirantes destaca el polémico "señor de la guerra" uzbeko Abdul Rashid Dostum.