El mundo árabe y musulmán entrará hoy en el mes de ayuno del Ramadán, que en teoría es un período de gracia y de tregua, pero en la práctica la violencia no cesa en Irak y los territorios palestinos, los dos principales focos de tensión del planeta.
En Irak, justo antes de comience el mes de ayuno, la población aún recuerda el sangriento inicio del Ramadán en el año 2003, que causó casi 50 muertos en una serie de atentados sincronizados. Ayer, estuvo marcado por un nuevo brote de violencia, con la muerte de dos oficiales del ejército iraquí en Baaquba (noreste) y de 15 soldados de la guardia nacional en Qaim, cerca de la frontera siria.
Además, siete personas, incluidos dos civiles estadounidenses, murieron en dos atentados, uno de ellos suicida, en la Zona Verde, un perímetro altamente protegido del centro de Bagdad, según el último balance de fuentes estadounidenses.
Al menos dos soldados estadounidenses murieron en ataques mientras en Bagdad, un juez de instrucción y una periodista de televisión kurda fueron asesinados a balazos. En Faluya (al oeste de Bagdad), bombardeos estadounidenses causaron por lo menos tres muertos y ocho heridos.
Los habitantes de Bagdad esperan pasar este año un Ramadán más tranquilo, con la entrega de las armas de los milicianos chiítas gracias al acuerdo alcanzado entre el gobierno y el movimiento del jefe radical Moqtada Sadr, que en contrapartida consigue que liberen a sus hombres presos y participar en el proceso político.
La violencia continuó también en los territorios palestinos, el otro foco de tensión de la región.
El inicio del Ramadán coincidirá con el decimoséptimo día de la ofensiva israelí "Días de Penitencia" en la Franja de Gaza, que ya se ha cobrado la muerte de 124 palestinos.
Las autoridades israelíes han asegurado que hoy, primer día de Ramadán, no impondrán limitaciones a los palestinos musulmanes que se disponen a acudir en masa a la llamada "Explanada de las Mezquitas" en la ciudad vieja de Jerusalén para rezar.
La Policía israelí así lo aseguró, a pesar de que las autoridades israelíes y arqueólogos han asegurado recientemente que temen que la Explanada se desplome por el peso de los fieles que acudan a las mezquitas.