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&#191 Martín botó el juego?


Ninguno de los candidatos PRDs, Nicky, Duque o el mismo Pérez Balladares, dispuso de tan cómoda ventaja. En noviembre `98, Martín Torrijos aventaja a Mireya Moscoso por más de 20 puntos. A esa distancia, el juego lucía ganado. Pero los sabios jugadores de dominó respetan hasta la veneración el dicho que reza, "ganado son vacas". Cinco meses después, Martín está a un tris de perder el juego. Un rosario de errores, no sabría de qué modo referirme a tales eventos, pone al candidato en la incómoda situación de "empate técnico", en el mejor de los casos.
Una campaña pretende vender al candidato por sus virtudes. Pero ésta, desde temprano, anunció ser diferente. La contienda tendería a inclinarse a favor de quien dispusiese de mejor habilidad para sacudirse los lastres de los defectos percibidos por los electores. Martín, el continuismo; Mireya, la incapaz; Alberto el mal perdedor. Más que en ser, el énfasis se debió situar en demostrar no ser.
De concentrarse el interés del elector, en virtudes, Alberto Vallarino hubiese sido hueso duro de roer. Pero el que más difícil la tuvo fue precisamente quien a despecho de un currículum distinguido, cargaba su fardo. Soltar su lastre de "mal perdedor" requería inmolarse, declinar su candidatura. Con tal peso, resultó imposible remontar encuestas, a pesar de su propuesta de creación de empleos altamente memorable, y del sinnúmero de virtudes que acompañaron al candidato.
La percepción sobre el Ejecutivo, también resultaba pieza angular en el juego estratégico. El Ejecutivo arriba al segundo trimestre 98, con índices de aprobación pocas veces vistos. Balladares apuntaba a que ser la continuidad de su gobierno, resultara un activo para un candidato PRD. Preveía que bien podía resultar el mismo.
A partir de la derrota en el referéndum, a Pérez B. se le ve mal humorado y poco tolerante. Pareciera pretender devolver el golpe a un electorado que negó la reelección; o devaluarle la herencia a un Martín que le competirá el control del PRD. En consecuencia, la aprobación de la gestión del Ejecutivo se picó en forma dramática.
Aunado a aquello, en el último mes del "98, se producía tremebunda agitación contra la privatización del IDAAN. Las Fuerzas de Control de Multitudes, reprimen la manifestación popular, e incluso violan la autonomía universitaria. Torrijos se le ve confundido en la coyuntura. Parecía resistirse en arriesgar el liderazgo cómodo que ejercía, y aceptar la oportunidad de poner distancia del gobierno. Así, cometió el más terrible error de la campaña.
En diciembre, el candidato Torrijos ya no lucía imbatible. Continúa como líder en las encuestas, aunque mostraba tendencia a bajar. Pero conserva suficiente intención de voto a su favor, y aún no sumaba a Papa Egoró. Resultaba claro el poder de Balladares, quien de un solo plumazo, podía hacer perder a Torrijos.
En el mes de enero, la distancia Martín-Mireya, se estrecha. Mientras, la inteligencia del candidato concluye que, en no ser la continuidad de Balladares, radicaba una de las claves del triunfo. Así afronta el reto de, habiendo sido vice-ministro, no ser el continuismo. Esta jugada supuso aceptar un "issue" imposible de ganar. Para enredar más el debate, salió aceptando ser el continuismo de lo bueno del gobierno.
Una cuña donde propugnaba un estilo propio y se alejaba del continuismo, no se hizo esperar. Declaraciones contra las partidas secretas del Ejecutivo, y la consecuente respuesta áspera de Balladares, otorgan verosimilitud a la distancia entre candidato y presidente.
Del conocimiento de los significados terribles que otorgaba el elector al continuismo, surgió una frase sencilla y publicitariamente fácil, pero muy poderosa: Mireya es el Cambio. Se arrinconaba al adversario en el continuismo, y apostaba a la vinculación Gobierno-Torrijos. Para la estrategia de Unión por Panamá resultó una magnífica noticia el antológico abrazo, en que se fundieron Balladares y el candidato en la tarima ubicada en la Plaza Porras, ante las cámaras, el paso marzo.
En febrero, Martín "yo no soy el continuismo" y Mireya "soy el cambio", ascienden. Pero el candidato de Nueva Nación, mantenía un cómodo liderazgo de seis puntos o más, en cuanta encuesta se conociera. A la condición de puntero respondía su estrategia. Cuñas, discursos, apariciones en medios, con una mano proponían un Martín idealista y profundo, casi por encima del bien y del mal, aunque intensamente genuino.
Por su parte, los electores se resistían en aceptar de buenas a primera aquello de Martín continuista. Con sobrada razón argumentaban que aquel "buen chico" sólo había ejercido oscuro vice-ministerio. En marzo aparecen las primeras cuñas negativas. Se recordaba allí, que Martín dijo Sí a: reelección, privatizaciones, aumento de ministros, etc. Posteriormente vendrían otras, reforzadas por la vocería que emprendió la misma candidata. Todos en la misma línea estratégica: presentar evidencias para convencer a una audiencia reacia a la propuesta, que Martín era el continuismo.
Las huestes oficialistas respondieron denominándola "campaña sucia de perdedores desesperados". Los electores por su lado, durante las sesiones de grupo, priorizaban propuestas, sobre alusiones al pasado o sacadera de trapos. Los que poseen experiencia en esos ejercicios tipo sesiones de grupo, entienden que el participante asume poses que transmiten la imagen de aquella persona ideal, que el mismo no es, pero que siente debiera ser.
Pero ¿cómo fue que un equipo como el de Martín no detectó lo que se le venía encima? Imbuidos en el triunfalismo alimentado por encuestas que otorgaban cómoda ventaja, convencidos de lo inmune que resultaba el electorado a la campaña negativa, no identificaron a tiempo el efecto terriblemente evocador de aquellos mensajes, sobre la memoria del elector. Así, permitían que cada cuña negativa permaneciera en el aire hasta cinco días.
Por su parte, sus adversarios, desde enero insistían en que Mireya no asistía a debates por su incapacidad. Por un lado, la candidata alimentaba la expectativa, manteniéndose durante aquellos meses, esquiva en comprometer su asistencia a foros o programas en televisión. Por otro, ninguneaba de plano a Vallarino en el debate, para provocar polarización PRD vs arnulfismo.
Mientras más insistían los adversarios de Mireya en su absentismo a debates, paradójicamente más aumentaba la expectativa. Mientras más agresivos, más convocaban la imagen de mujer víctima. La carencia, de una versión independiente impedía que el PRD y Martín, entraran en sospecha de que se estaban echando la soga al cuello.
Marzo resultaba el mes crucial para la candidata. Mireya se soltó en una escalada de presentaciones en televisión. Mientras más agresivos auditorios y periodistas, más Moscoso enfatizaba su origen humilde, sin perder nunca compostura. Un manto de señorío y sensibilidad social, funcionó como coraza donde rebotaron indelicadeza e irrespeto. La evidencia de que la estrategia funcionaba, vino del mismo Balladares, quien se hace eco del trato poco amable que recibía la candidata, por algunas periodistas. Mientras los ratings de cada programa volaban. Tal estrategia consiguió que en marzo, Mireya avanzara, produciéndose un empate. Ni el equipo Martín (con honrosas excepciones), ni las encuestas en medios, parecieron siquiera sospecharlo. Este error de cálculo resultaría costoso.
En abril, el primero resultó Ditcher&Neira. Luego de no registrar el mes anterior la escalada de la candidata y mantener a Torrijos por ocho puntos, anuncia ahora que Moscoso lo rebasa por escaso margen. Los adversarios de Moscoso no atinan mejor respuesta que ordenar recoger la edición del periódico que difundía la encuesta. Hace escasos días, Cid-Gallup, que también mantenía a Martín arriba por diez puntos, registra lo propio. Ahora que resulta evidente que Mireya recortó distancia, se formó la corredera.
Mientras lideró Martín, mantuvo un discurso de altura. Su altruismo resultaba coherente con su imagen de chico bueno, mientras contrastaba con la combatividad de Mireya. Pero faltando sólo días para el Juicio Final, el equipo Nueva Nación incluye publicidad negativa, y el propio Martín dirige críticas a Moscoso.
Además de a destiempo, Martín apela a lo mismo que criticó. Según la experiencia de conocedores, sus mensajes manejan demasiadas ideas, para una mente sencilla como la de las mayorías. A medida que el final de la campaña se acercó, el voto se endureció, y la campaña negativa perdió sentido. Para el elector resulta obvia la intencionalidad política en ella. Terminan no creyendo los unos, y los otros botando dinero. Así, exudan más desesperación que estrategia. En el discurso de cierre de campaña, abandona una vez más, la imagen de candidato altruista que proyectó por meses, mientras reitera la consabida crítica a Moscoso. Corrieron el riesgo de que algunos entendieran que salió el genuino Martín.
Ni a Nicky, Duque o Balladares, se le entregó un juego con una gabela de más de 20 puntos, que en el último minuto, se empataría. Pero el día de la votación los arnulfistas acostumbran a enredarnos los pronósticos a encuestadores, sacando votos debajo de las piedras. Entonces, ¿habrá botado el juego Martín, que una vez tuvo ganado?


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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