Nación

20 años al servicio de la salud


aLa doctora Ana Goncharova es epidemióloga y se dedicó a su especialidad por seis años en la ciudad sureña de Rostov en Rusia, hasta que llegó a Panamá, en 1983, por razones sentimentales que hoy prefiere obviar.
Su primer año de internado, requisito obligatorio para médicos extranjeros en este país, lo hizo en Chiriquí, en el Hospital José Domingo de Obaldía, mientras que el segundo en Chitré.
También estuvo en el Manuel Amador Guerrero de Colón y en la actualidad se desempeña en medicina general de la Policlínica Pediátrica de Calidonia, que aunque no es su rama, le gusta por la relación humana con sus pacientes.
"Después de viajar y conocer a la gente te das cuenta que no existen diferencias marcadas, todos tenemos la misma visión de la vida, los mismos ideales y sino, absorbes esas diferencias del nuevo país donde llegas", esa ha sido la filosofía de vida de la galena, madre de dos jóvenes universitarias, que asegura le ha brindado la satisfacción en su labor diaria.
Y aunque después de casi 20 años de residir acá, "he probado de todas las comidas y conozco muchas de las tradiciones, trato de conservar un pedacito de Rusia en Panamá".
A Ana le tocó aprender el español "a la velocidad de la luz". Su profesión se lo exigía,
Sus primeras conversaciones resultaban todo un reto auditivo. Y es que como ella recuerda "ni yo lo hablaba muy bien (el español), ni ellos tampoco… pero nos entendíamos", sonríe Goncharova, en alusión a los indígenas Ngöbe Buglé de Chiriquí, con quienes trabajó en principio.
Precisamente los indios de las cordilleras perduran en la memoria de Ana. Los rostros de los niños golpeados por el hambre y marcados por el sello de la desnutrición aún se mantienen frescos.
"Me impresionó mucho ver tanta gente desnutrida y con tuberculosis, principalmente indígenas", sostiene, mientras reconoce también haber sido sorprendida por la humildad de esa gente que, con sus parientes al hombro, en una hamaca y afectados por la mordedura de serpientes, atravesaban grandes distancias en busca de cura.
Además de doctora, Ana es pintora, graduada en la Escuela de Bellas Artes de Chitré, "otro de mis grandes sueños y mi segunda profesión".
A nuestra partida se preparaba para su próxima exposición y en la sala de su apartamento, decorado "a lo ruso- panameño", como ella lo definió, la imagen imponente de un dragón en colores llamativos en su técnica de acrílico sobre lienzo parecía invitarnos a ver más… y así lo hicimos. Los resultados: verdaderas obras de arte.
Nueve años después de llegar a Panamá el esposo de Marina murió y aunque el golpe para ella fue terrible, perseverante, como lo era, decidió no rendirse. Hoy el Marina Health Spa tiene 16 años en el mercado.

Alla Quintero había visitado varias veces Panamá desde 1982, cuando se casó. En 1996, ella, su esposo y sus dos hijas, nacidas allá, se establecieron en esta ciudad. El de ellos fue "un amor de señas" porque ella tampoco hablaba español.
Los problemas de salud de su pareja, principalmente por las bajas temperaturas de Vorroneizh en el centro de Rusia, donde vivían, no le dieron tregua y tuvo que dejar su país. "Aunque vine gustosa porque me gustaba Panamá".
Al igual que Marina, para Alla la separación de su familia fue lo más difícil, pero "yo sabía que por el bien de mi esposo, que ya había estado en Rusia por casi 15 años, debía venirme para acá".
Europea pero de gustos tropicales, Alla ama la piña, la papaya y el guineo, "que en Rusia no hay… todo en Panamá es sabroso, pero no me gusta el arroz", nos dice con picardía, pues "yo sé que a los panameños les encanta".
Sin embargo, la tradicional papa, principal plato de allá, sigue estando presente en su mesa.
Alla es filóloga, no obstante, en la actualidad se desempeña como contadora de la agencia rusa Aeroflot, gracias a que, como explicó, en Rusia la preparación es completa, sin definiciones en "letras, ciencias, comercio como en Panamá.
En sus tiempos libres se dedica a la pintura en óleo y orgullosa, precisó que "mi hija mayor parece haber heredado este don", mientras la cámara fotográfica de nuestro compañero captaba la perfección de su expresiva sonrisa.

Sumergida en papeles y el quehacer de la oficina de una empresa naviera, otra Alla, una colega, hizo una pausa aquel mediodía para contarnos cómo llegó a Panamá después de ejercer por 10 años el periodismo escrito en San Petersburgo. Era su segunda semana de trabajo después de tres años de ser ama de casa.
En Alla Sokol de Bellido la pasión por su profesión despertó también la pasión de su vida. Hoy tiene 11 años de casada con un panameño.
"Nos conocimos cuando yo hacía mi práctica de Periodismo sobre estudiantes extranjeros y en ese momento no sentimos esa diferencia de la cultura y lo demás"…
En Panamá Alla se enfrentó a nuevas condiciones y ciertos cambios. Desde el clima, las costumbres, la comida hasta su "modo de vida", como definió alguna vez uno de sus profesores el Periodismo.
"La mayoría de las mujeres rusas tienen educación superior", dijo luego con plena certeza, pero con suma tristeza.
Y es que, a su juicio, a pesar de que Rusia prepara muchos especialistas panameños, en diversas ramas, a los rusos que "venimos con el mismo título no nos aceptan".
Pero, a pesar de todo, esta tierra le gusta, al igual que al resto. Su comida "le encanta", el calor de su gente y sus muchas tradiciones. Su mirada reflejaba el deseo de seguir surgiendo en progreso del país que ahora la alberga.
A su juicio, “la solución sería que los transportistas decidan aumentar la flota de unidades en las mañanas”.
Estas son, en términos generales, las quejas de los usuarios, que han sido tantas veces emitidas que por lo pronto en Vacamonte, los transportistas han aumentado la flota de buses en 26 unidades para paliar esta engorrosa situación.
¿Ganarán los clientes de las rutas del Oeste la batalla por un mejor servicio? Amanecerá y veremos.

 
Esperanza Mena, dirigente de los usuarios de Panamá Oeste, aseguró que el servicio de transporte es pésimo debido a que sólo existe una terminal, cuyos buses no brindan el servicio las 24 horas y además ha ocasionado el incremento del pasaje por el pago de B/.0.05 para abordar los buses, los B/.0.25 para ir al baño y la distancia donde está ubicada, lo que causa desgaste físico, económico y de tiempo.
Denunció que las piqueras del sector Oeste presentan serias deficiencias, a tal punto que en las mañanas los usuarios están en las piqueras y los buses todavía no han llegado, y en las noches, prestan el servicio hasta cierta hora desde las piqueras hacia Panamá.
“Los fines de semana o días feriados muchos buses se van para viajes especiales dejando casi sin servicio a los usuarios”, manifestó Mena.
La dirigente señaló que la mayoría de las piqueras no cuenta con el número de unidades para cubrir la demanda de usuarios, y muchas están en malas condiciones mecánicas.
También indicó que en algunos sectores hace falta el servicio de ruta interna, por ejemplo, en Arraiján existen 14 comunidades sin este servicio.
Los usuarios proponen para solucionar el problema que se aplique el artículo 2 de la Ley 14 de 1993, que establece que en aquellas zonas en las cuales el concesionario no pueda prestar el servicio o el mismo sea deficiente, el Estado asignará otros concesionarios para asegurar el interés público.

Algunos de los residentes del Oeste entrevistados por El Panamá América lanzaron ideas al vuelo, que no demostraban más que su preocupación por las tardanzas acumuladas en sus trabajos debido a los tranques y a la falta de buses.
Una de ellas es que los empresarios comenzarían a rechazar trabajadores de ese sector.
Al respecto, tanto el presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura, José Javier Rivera, como Juan Francisco Kiener, del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP), manifestaron que no existe ninguna medida discriminatoria a la hora de contratar o buscar un personal para una vacante.
Aclaró que a pesar de los tranques o accidentes que a veces se suscitan en el sector Oeste a las horas de mayor tránsito (o sea entre las 6 y 7:30 a.m.), no toman en consideración esto cuando van a contratar el personal.
En cuanto a las tardanzas que se registran por estas circunstancias, ambos señalaron que los empresarios las comprenden porque está fuera del alcance de los trabajadores dar una solución al problema.
Precisó que tampoco les ha pasado por la cabeza mantener un “estereotipo” de que los residentes de esta área siempre llegan tarde a sus trabajos.


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110164
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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