Nación

45 segundos de terror

"Pensaba en mi familia, tengo tres hijos y uno está recién nacido", narró un herido.


En Bugaba, Cira de Villarreal, de 62 años, se enfrentaba a una dura batalla contra el reloj para no perderse un solo detalle de la telenovela, que ya había avanzado unos 15 minutos.
En la cocina, su esposo, cumplía con su parte del tácito acuerdo practicado en más de 30 años de matrimonio: el lavado de platos. Aquella noche rutinaria, antecedía a un miércoles como aquellos días de reñidos encuentros de béisbol mayor en que los chiricanos se reúnen a esperar la victoria de su equipo.
En otro tiempo así hubiera sido, pues desde Nicaragua se informó que la selección infantil de béisbol de Panamá se alzó nuevamente con el triunfo. Sin embargo, el sismo de 6 grados en la escala de Richter que sacudió la noche de este martes la región, acabó con las probabilidades de un jolgorio a "la chiricana".
"Ya me iba a sentar en la mecedora y de repente todo empezó a moverse", narró Cira a El Panamá América, vía telefónica. "Todavía estoy nerviosa", nos confiesa y su voz parece reforzar aquellas palabras, aunque de inmediato aclara "gracias a Dios mi mamá estaba acá, en mi casa y en ese momento todos corrimos a abrazarnos".
Mientras Toña, de 82 años, madre de Cira, cobijaba en sus brazos a dos de sus nueve hijos, como cuando eran pequeños; en Finca Higuito de Puerto Armuelles, César Beteta, de 35 años, luchaba por ser escuchado a través de su radio. Beteta había caído de una rampa en una empresa empacadora y su pierna derecha llevó la peor parte.
"Pensaba en mi familia, tengo tres hijos y uno está recién nacido"... nos dijo y su voz perdió de momento la fuerza que denotó al principio. Además de adolorido, César no salía aún de la angustia de saber que pudo "perder lo que más me importa: mi esposa y mis hijos".
Estuvo desmayado por varios minutos y apenas logró incorporarse, comenzó los incesantes esfuerzos por ser escuchado. Los vecinos y sus compañeros atendieron en breve su llamado y lo trasladaron en un vehículo al Hospital Dionisio Arrocha, al que llegó media hora después.
"El dolor era muy fuerte, tanto así que cuando tenía como una hora de estar en el hospital me desmayé nuevamente". No era para menos. Poco antes de que lográramos conversar con César, el director médico de este nosocomio, Aquilino Vargas, confirmó que Beteta fue ingresado con trauma abdominal y fractura en la tibia y estaba a la espera de una posible operación.
Historias diferentes cobraron vida en estos 45 segundos, que algunos describieron como "interminables". En el Hospital Dionisio, Arrocha César y Jimmy Atencio tuvieron tiempo para compartir, además del espacio que ocupaban sus camas, una al lado de la otra en la sala de hombres, la tragedia de la noche anterior, mientras esperaban un diagnóstico médico.
Jimmy, de 16 años, se cayó desde el segundo piso de la casa de madera de su primo en Finca Balsa, la que poco después cedió por la fuerte estremecida del sismo y se derrumbó.
"La casa me cayó encima y se me fracturó la rodilla", describe brevemente y agrega "cuando iba bajando la escalera fue que se derrumbó toda"...
A pocos metros de aquella casa estaba su padre, Buenaventura, de 50 años, su madre y sus cinco hermanos, sin saber lo que le ocurría en ese instante a Jimmy.
"Yo iba para la iglesia a esa hora y a medio camino me regresé rapidito", recuerda Buenaventura, quien aguardaba al lado de su hijo la llegada de un médico.
Osmin González, de cinco años, jugaba con su hermanito Itzo Javier Samudio, de cuatro, este martes, mientras el sonido de las olas entretenía a su abuela Korina de 59 años y a sus familiares.
"Yo estaba jugando con Javier cuando sentimos el temblor y los bloques iban cayendo, mi hermano estaba agarrado de un palo y yo me quedé adelante de la casa", narra con su bracito enyesado.
Mientras jugaban sintieron de repente un fuerte movimiento en la tierra y trataron de entrar a la casa de bloque con madera y fue entonces cuando quedaron atrapados en medio de los escombros, uno con un brazo fracturado y golpes en las piernas y pies, mientras que el otro, Itzo Javier, aún se mantiene internado en el Dionisio Arrocha con una fractura en su pie derecho. Allá en el hospital, Itzo aún estaba adolorido por la fractura y no salía del susto por lo vivido.
Su abuela, Korina Pitti, de 59 años, dueña de la vivienda, dijo: "nosotros estábamos adentro cuando comenzó a temblar y le dije a mi hija vamos a salir, ella me respondió no mamá y cuando me asomé vi como se caía la pared".
Los niños estaban bajo los escombros, añadió a El Panamá América y manifestó que al ver esta situación se desesperó y llamó a sus hijos para que le ayudaran a sacar a sus nietos. Los bloques le cayeron a ambos encima, pero "gracias a Dios no pasó nada que lamentar", expresó aún consternada.
"Cuando todo se empezó a moverse sentimos que ese gran edificio nos caía encima, eran gritos y desesperación que se vivían en los oscuros pasillos", esas fueron las impresiones de muchos de los pacientes que se encontraban recluidos en el Regional Rafael Hernández de la ciudad de David.
"Yo estaba en el quinto piso y al momento todos fuimos desalojados de las camas, los que podíamos caminar bajamos despacito por las escaleras porque las enfermeras nos dijeron que no usáramos el ascensor y los demás eran ayudados por otras personas que no conocíamos", relató César Delgado, paciente de la sala de cirugía interna.
Mientras relataba, el ruido de las sirenas y ambulancias no cesaba. Prosiguió diciéndonos que cuando llegaron a la planta baja fueron sentados en sillas, los que se encontraban en mejores condiciones y los demás en colchones que fueron sacados del hospital.
Allí permanecieron hasta avanzadas horas de la madrugada, "mientras montaban las carpas y nos conseguían las camillas para las más de 200 personas que estábamos allí". "A eso de 1:30 nos consiguieron por fin una cama, dormí un poco, pero hacía mucho frío, por lo que me desperté poco después", nos cuenta.
Eran aproximadamente 22 toldas que fueron suministradas por parte de las entidades públicas y empresas privadas que prestaron su apoyo y cada una tenía un letrero que identificaba la especialidad médica que estaba siendo atendida es esa área.
Los médicos, enfermeras y auxiliares, con sus equipos en mano, mantenían un constante monitoreo a cada uno los pacientes. No sólo en Chiriquí prevaleció el susto. Yasmín Araúz Pimentel, una educadora de Sambito Coto Brus en Costa Rica, indicó que al momento del sismo se encontraba en una iglesia evangélica y salieron de inmediato y observaba como los tendidos eléctricos se movían de manera asombrosa, casi colapsaban los cables.
Por su parte, el sismólogo Eduardo Camacho de la Universidad de Panamá, luego de su recorrido por la provincia de Chiriquí y el distrito de Barú, explicó que el evento sísmico tuvo su origen en la zona de fractura de Panamá, donde hay mayor actividad sísmica en toda la república, ya que más del 70% de los sismos a nivel nacional se producen en esa área.
Señaló que el sismo de ayer guarda algunas características similares con el que se registró en 1934, en el Golfo de Chiriquí, que causó daños en Puerto Armuelles y David, debido que ambos se registraron en la misma zona fuente.
"El sismo de ayer (martes) fue considera de magnitud mediana, debido a que su profundidad es menor de 30 kilómetros, he allí el porqué de tantas réplicas y es probable que sigan ocurriendo por lo menos durante una semana más", agregó.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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