Sí. Panamá América asistió a esta celebración especial, porque este personaje es digno de admirar y no es por nada que es tan querido entre los que se forman en la Escuela Experimental.
Y es que para "Pito", cumplir 60 años es todo un récord, si se toma en cuenta que la expectativa de vida de una persona con Síndrome de Down no superaba a principios de siglo pasado los 15 años, luego a finales de siglo la expectativa subió a los 40, pero "Pito" llegó llenó de energía y cual si fuera un chico de 15 llega a 60 años.
"El viejo verde" de la escuelita, como de cariño le llaman sus más jóvenes compañeros, es capaz de sembrar el optimismo y contagiar alegría con su amable saludo y sus piropos, porque para Pito no hay chica fea. "Todas son guapas", en especial "Karim".
Tal vez usted no lo conozca, pero este gentil caballero, que le encanta bailar típico, que es parte del Cuerpo de Bomberos de Penonomé y que también trabaja en el Taller Ocupacional, es considerado como la persona de mayor edad que vive en Panamá con Síndrome de Down (SD).
Y esto no es pura casualidad, porque para lograr este cometido ha contado con el apoyo de su inseparable madre, la profesora Nora, sus hermanas Lupita y Norita y cada una de las personas que laboran en la "escuelita", de la cual él es un alumno fundador.
"Pito" es tan popular como un político, porque sin lugar a dudas al mencionar su nombre en Penonomé o en la Escuela Experimental, le podrán decir que se trata de una de las personas más queridas de este país, que ha logrado "integrarse" a la sociedad gracias a la visión que nació hace 51 años y se constituyó hoy en la que es la "escuela, la universidad y la casa" de quienes son algo más que una estadística de panameños con discapacidad.
Fundada el 18 de junio de 1956 por la Asociación Pro-Niños Excepcionales de Panamá, la Escuela Experimental cuenta con una matrícula que supera los 75 estudiantes, divididos en pequeños grupos que van desde niños de kinder hasta los mayores que trabajan en el Taller Ocupacional. Además, cuenta con una casa hogar, llamada "Rayos de Luz".
Aunque es una escuela privada, sin fines de lucro, nació de la visión de la profesora Eleonora Pezet Herrera y la doctora Hermelinda Cambra de Valera. Estas damas, fundaron este gran proyecto que nació en un pequeño garaje de una residencia en el barrio de San Francisco y que hoy se ubica en Calle 37 de la Urbanización Obarrio.
En este centro, mientras al fondo escuchábamos los cantos y las risas de los más pequeños que participaban de sus terapias de lenguaje, conversamos con la miembros de la junta directiva que preside esta institución.
Se trata de un grupo de mujeres que identificadas de alguna forma por las habilidades especiales que tienen alguno de sus hijos, destacaron que el propósito de esta escuelita es proporcionarle a los niños, jóvenes y adultos del país una educación dentro de sus necesidades educativas especiales para que se adapten al medio en el que se agitan.
Y es que de acuerdo a cada caso, ya sea niños autistas, con SD, retardo o parálisis, se realizan previos análisis para formular técnicas educativas que ayudarán al niño a neutralizar parte de sus limitaciones.
Es un cuerpo docente excepcional en donde participan especialistas en estimulación temprana, en educación pre escolar y también cuentan con el apoyo de estudiantes de universidades como la USMA, UDELAS y la Universidad Latina, quienes día a día se suman no sólo para ganar experiencia, sino para compartir con los que acuden a la escuelita.
Así lo comentó Jean Carlo Efio, estudiante de psicología de la USMA, quien al igual que otros seis compañeros se suman a la lista de voluntarios que consideran que en este recinto la experiencia adquirida es algo más que fructífera.