Nación

Abuso sexual a menores destaca entre estadísticas


Más de la mitad de los casos de maltrato en contra de la niñez y adolescencia que llegan al Hospital del Niño, corresponden al abuso sexual y los responsables en muchas ocasiones son familiares y personas conocidas que inspiran confianza a las víctimas.
Así lo indicó María Victoria Henríquez, directora nacional de Promoción de la Salud, durante el Primer Foro Nacional de la Comisión de Seguimiento de la Salud Sexual y Reproductiva, quien agregó que los niños deben cuidarse hasta de sus propios familiares.
Según los estudios, hasta el año 1997 en el país se habían reportado 421 denuncias de abuso sexual en contra de la niñez, cuyos autores fueron personas conocidas. De estos casos, 194 abusos fueron cometidos por familiares de las víctimas, 66 por desconocidos y por 55 vecinos.
Un amplio estudio analiza el tema y llega a la conclusión que en la mayoría de los casos los agresores estaban en uso de sus facultades mentales mientras cometían el delito, pero en caso que los victimarios estén influidos por el alcohol o las drogas, no es atenuante o justificación para incurrir en el delito de abuso sexual en contra de los menores o adolescentes.
Para proteger el derecho de los menores agredidos física o sexualmente, la Comisión plantea que el agresor es la única persona responsable del abuso, que el abuso es un crimen y debe detenerse, que la madre de la víctima de incesto no es responsable por el abuso sexual perpetrado por su compañero, esposo o padre y que el apoyo de las madres a las víctimas es primordial.
Con la voz entrecortada por la emoción, el funcionario dijo estar convencido de que lo ocurrido es un reflejo de los tiempos, porque se está viviendo una época muy difícil en la que se ha perdido todo respeto por la vida humana y la honra de las personas.
"La familia de nosotros piensa mucho en la familia del victimario, porque ellos no tienen la culpa, pero por una cuestión de venganza, hasta cierto modo incomprensible, pareciera que estamos viviendo el libro de Juan", señala con profundo dolor Altafulla.
Recalca que hay indicios de que el victimario tenía problemas conductuales y por eso lo hicieron salir de varios seminarios, entre éstos en El Salvador. "Cuando mi hermano fue rector en el Seminario Mayor San José le tocó la tarea, no muy placentera, de cumplir la decisión del Concejo del seminario y comunicarle que él no podía seguir la carrera sacerdotal", dice, y eso desencadenó el asesinato del domingo.
Otra vez su voz se entrecorta, mientras envía un mensaje a la ciudadanía: "Yo creo que es tiempo de que la comunidad panameña reflexione y piense que todos somos hermanos y no sólo debemos pensar en nuestro bienestar personal, sino también pensar que muchas veces lo que nosotros estamos peleando y luchando para beneficio personal está afectando a otras personas".
No dejó de emitir un mensaje relacionado con la institución en la que labora: "Si nosotros en todo momento pensamos así, yo creo que las conversaciones de alto nivel, como las que se hacen para salvar la Caja de Seguro Social, tuvieran mejor resultado".
En la salita contigua a la nave del templo, los sacerdotes se dedicaban a colocarse sus sotanas, antes de iniciar la misa. Entre ellos estaba Rómulo Aguilar, encargado de Liturgia de la Arquidiócesis y párroco de la Iglesia de Santa Marta.
Para él, el paso a seguir por parte de la Iglesia Católica, luego del crimen, es tener una actitud de perdón hacia el asesino, además de sumo cuidado con las personas que desean inmiscuirse dentro de las filas de las parroquias, ubicando filtros donde sea necesario. Destacó que los sacerdotes tienen que estar dispuestos a dar la vida en manos de personas y situaciones que a veces no tienen sentido.
La muerte de Altafulla constituye un signo, sostiene, porque ha sido un mártir de la situación de violencia que se vive en Panamá, mientras que manifiesta que todos los rumores que se levantan en torno al asesinato del prelado, son producto del bombardeo desde el extranjero, a través de los medios de comunicación, sobre las denuncias de abusos por parte de religiosos.
El hecho se ha suscitado en esa coyuntura desafortunada, pero no tiene ninguna vinculación con lo que se ha estado denunciando en el ámbito internacional, argumenta Aguilar.
No deja de sorprenderle que siete años después, el asesino confeso haya descargado su odio contra monseñor en la forma en que lo hizo, cuando son muchos los seminaristas expulsados o rechazados en el seminario.
Martín Arístegui, de la Iglesia del Carmen, también vivió la experiencia de ser atacado en su propia parroquia. "Uno se siente hecho una miseria, impotente, miedoso, pensando que si se defiende le puede ir peor. Yo me quedé traumado por mucho tiempo y ahora que se ha vivido este suceso, reviví todo".
Al padre, que en el momento del ataque estaba sin sus anteojos y a oscuras, le pareció que su agresor era una persona que constantemente le pedía dinero de manera exigente, aunque no puede asegurarlo.
Con respecto al hecho de sangre que ha estremecido a la iglesia, es de la opinión que siempre hay tiempos malos y tiempos buenos. "Este es el momento de los tiempos malos, pero ya vendrán los buenos porque Dios no nos va a abandonar".
La misa inició con los cantos de entrada "Mi alma espera en el Señor" y "Hacia ti morada santa". Todos los curas entraron en fila al templo, semejando una gran mancha blanca que cruzaba por el centro de la nave. Fue una misa concelebrada, cuyo evangelio no fue leído por monseñor José Dimas Cedeño, quien la presidió.
Al final, y antes de la bendición, se leyó un comunicado oficial del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal Panameña, en el que se hizo un fuerte llamado a los medios de comunicación para que respeten el honor y la fama de los demás, "que están por encima de cualquier interés particular o económico".
El aplauso fue cerrado. A él se sumaron la presidenta Mireya Moscoso y los miembros de su gabinete, dejando un sabor amargo entre los comunicadores sociales que cubrían el oficio religioso.
Después de la bendición sacerdotal, se sacó el féretro cargado en hombros, mientras las campanas de la iglesia sonaban y el coro interpretaba el canto "Tuyo soy".
El Panamá América buscó reacciones al comunicado entre los sacerdotes. Uno de ellos, que goza de mucha popularidad entre la feligresía se manifestó sobre el tema. Se trata de monseñor Alejandro Vásquez Pinto.
Este medio le preguntó su opinión con relación al comunicado de la iglesia, a lo que respondió que todos tienen derecho a tener una buena fama con el prestigio que se han ganado, por lo que no deben buscarse segundas intenciones y publicar la parte más espeluznante y dramática de las cosas.
Rechazó que el comunicado pueda constituirse en un espaldarazo de la iglesia a las autoridades, que cuando se publica una nota periodística que las afecta, sacan a relucir su honra manchada.
Resaltó que hay que distinguir entre las cosas que deben hacerse públicas y las que no edifican en nada a la sociedad, ni elevan sus valores. Tal como se están proyectando las publicaciones en los medios, no hay mensajes positivos que estimulen a la comunidad a formarse una conciencia de que la espiral de violencia que vive la sociedad no es racional, añadió.
Aclaró que la prensa sensacionalista está haciendo daño y no ayuda a formar valores.
Sobre el mismo tema, el padre Conrado Sanjur, del Comité Panameño por los Derechos Humanos, opinó que hay malestar entre la población por un tipo de periodismo sensacionalista y morboso, que además, crea sentimientos negativos en la comunidad.
Esto se expresa, sobre todo, cuando víctimas de la violencia aparecen con expresiones brutales en los medios, lo que causa dolor en las familias. De ahí, que la iglesia se haya pronunciado.
"Hay que defender la libertad de expresión y el derecho de la población de conocer la verdad, pero entre ese propósito y el otro de exacerbar el morbo en la población hay una gran distancia", consideró.
Aceptó que el comunicado puede servir a propósitos gubernamentales, que de por sí sus autoridades están aprehensivas levantando demandas contra los periodistas. Ese no es el propósito del planteamiento de la iglesia, porque el periodismo tiene su mística y "hay medios y medios, comunicadores y comunicadores, y por eso no se puede generalizar", dijo.
Agregó que en aras de la verdad y despejar responsabilidades, es saludable que se clarifique para que las observaciones se hagan a los medios que practican el tipo de periodismo que afecta la dignidad de las personas.
Por su parte, el reverendo Manolo Blanquels, director de Fe Tv Canal 5, también se pronunció sobre el comunicado de la iglesia. A su juicio, hay medios muy respetuosos y muy serios, pero hay otros amarillistas. Son esos los que rechaza la sociedad, según el padre, y fue a esos los que rechazó la feligresía de la Iglesia de Guadalupe, cuando se trató de impedir la cobertura periodística, luego del asesinato de monseñor Altafulla. Se quiso evitar el sensacionalismo, porque el cadáver era el del padre y pastor de toda esa feligresía.
"La iglesia ha apoyado siempre a los medios, pero a veces ha ocurrido que bajo la libertad de expresión, se cubre todo y eso no puede ser. El respeto a la persona y a la intimidad está por encima de lo demás". Cuando se trata de hacer lo que se quiera, como quiera, con quien quiera y donde quiera, eso no es libertad, sentenció.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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