Nación

Acribillado transportaba droga en su embarcación

Hermida Madrid quien residía en la torre dos del edificio Metrópolis recibió cinco impactos.


TRAS SUS problemas judiciales Hermida Madrid huye a México, pero en febrero del 2002 ante una solicitud de extradición emitida por el Juzgado Octavo Penal es detenido y extraditado a Panamá en donde cumplió su condena.
Sin embargo, al salir de la cárcel realiza movimientos migratorios extraños, ya que el 21 de febrero del 2007 realizó un viaje con destino a Madrid, España, y regresó mes después en un vuelo desde Nicaragua.
Otros de los elementos investigados revelan que su hermano Israel Cando Madrid, quien también fue investigado por la cantidad de propiedades que mantiene a su nombre, fue quien adquirió el auto en que murió Luis. Además en los registros aparece que un mes antes compró una camioneta Chevrolet Optra, de color rojo, con matrícula 405717.
También se determinó que Luis Hermida Madrid tenía la embarcación "Angie Tour" , la cual era utilizada para transportar cocaína y metanfetaminas.
Tras el crimen de Hermida, la Policía conformó un bloque de búsqueda para dar con el paradero de los sicarios, quienes según testigos se trata de dos personas que esperaron a la víctima por espacio de cinco horas y luego de cometer el hecho se dieron a la fuga en una motocicleta de color azul.
Testigos aseguraron que uno de los sujetos tomó un maletín que se encontraba en el interior del vehículo.
Hermida recibió por primera vez la cédula de extranjero nacionalizado panameño, en el año 1995. Esta fue renovada este año y tenía como fecha de vencimiento el 2016.
Tenía una residencia en La Chorrera y un apartamento en La Locería, Betania.
Se presume además que poseía propiedades en Tocumen.
Pablo Vigil fue a Viento Arriba. El aire que se respiraba era fresco y sorprendente la solidaridad que emanaba de sus habitantes.
A diferencia de Baltazar, en Viento Frío la escuela es más grande, tiene un comedor, tres aulas, cocina, y la construcción estaba más cercana del área donde se hospedaban, y hasta el terreno era plano, muy diferente a lo que vivió Ixalondra y su grupo, admite Pablo, con una sonrisa cargada de picardía.
Al principio la timidez los invadió, pero se disipó en la segunda semana. En las tardes, jugaban con miembros de la comunidad. Trabajaron duro para que pudiéramos conocer el lugar.
"Caminaban tres horas para llegar al centro de Calobre y siempre estaban alegres".
Pablo aprendió a pensar en lo que era favorable para los 18 estudiantes que estaban a su cargo. Durante los 28 días organizó las funciones por parejas sin que éstas coincidieran. Llevó cuatro láminas y en los ratos libres armaba los horarios.
Cada día estaba organizado, desde el desayuno, hasta la limpieza de las letrinas, asegura Vigil.
Para Ysatis Soto, quien estuvo en Barrero, tanto sus padres como amigos dan fe de los cambios.
Hay un intercambio de experiencias y se aprenden otras realidades. Además se reafirman conductas y hábitos. La puntualidad es uno de ellos.
El día de la partida, la prueba de fuego fue la puntualidad, pues quienes llegaron a las 6: 01 a.m., tuvieron que ir tras el bus hasta Aguadulce.
Al final del servicio, los padres asisten a un día familiar. Se relacionan con los moradores de las comunidades y colaboran con donaciones.
"Hay estudiantes que nunca han visto una letrina", comenta el padre Fidel Sancho, rector del Colegio Javier, quien cada año comparte la experiencia con los alumnos, sus padres, personal docente y las comunidades.
La escuela organiza el servicio de correspondencia para que los padres se comuniquen por cartas con sus hijos. "Es hermoso. La relación y comunicación que se da a través de las cartas es enriquecedora", refuerza la relación padre-hijo y con la sociedad, afirma.
Fe, alegría y solidaridad se marcó en los corazones de los 142 estudiantes, 23 profesores y en los del equipo de logística y apoyo de la convivencia, al culminar la experiencia.
Ixalondra Chee Chong: Son personas muy desprendidas. El día que llegaron nuestros padres donaron sus gallinas para hacer una comida de bienvenida. Luego tuvimos una misa y fue en la capilla que construimos. Fue un día familiar inolvidable.
Pablo Vigil: Aprendí a valorar lo que tengo, que no siempre hay que exigir y hay que adaptarse a la forma de vida que tenganos. Allá, las personas no tenían e iban a ayudarnos, nos llevaban leña, naranjas y se preocupaban por nosotros. Nos daban su tiempo y compartían lo poco que tenían.
Padre Fidel Sancho: Es un compromiso de doble vía, de los estudiantes con la comunidad y viceversa. Este año fue un grupo excelente. Es un proyecto que da vida. La escuela da los materiales de construcción, organiza las logísticas de los jóvenes su transporte y seguridad.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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