En medio de denuncias previas de temores por la seguridad de su familia y colaboradores, Javier Enrique Justiniani, presidente de la Fundación de Apoyo al Detenido, fue ultimado ayer de tres disparos, en su oficina, ubicada en el edificio Don Memo, en San Pedro, corregimiento de Juan Díaz.
Al parecer, el homicidio se cometió a las 10:05 a.m., cuando un individuo llegó a las oficinas y le disparó.
La única testigo en este caso es su secretaria, que ante los medios de comunicación cuestionó la ola de inseguridad que vive el país.
Se pudo conocer que Justiniani recibió las descargas en su pecho y cabeza.
Al lugar del crimen se apersonaron las autoridades, que custodiaron la escena hasta la 1:45 p.m. cuando permitieron la entrada al lugar de su madre, Martha Justiniani.
El fiscal auxiliar, Neftalí Jaén, señaló que en coordinación con la Policía revisan las cámaras de seguridad para obtener un retrato hablado del homicida y el número del taxi que lo esperaba.
Al perpetrar el hecho, el individuo salió caminando tranquilamente, del apartamento 1.
Las autoridades descartan que el móvil sea robo porque todas sus pertenencias estaban en el lugar, incluso, su teléfono.
Se presume que el homicida es un hombre de tez trigueña, de aproximadamente 30 años.
El Fiscal negó que haya diferencias entre las autoridades y Justiniani, y explicó que hace dos semanas lo atendió en el Ministerio Público.
Justiniani estuvo detenido desde 1995 a 1999 por el delito de posesión agravado de drogas.
Martha, la madre del también dirigente de la Banda Centenario, recordó que Justiniani tenía diferencias con altos funcionarios que, aseguró, lo odiaban.
Justiniani cuestionaba en sus últimos mensajes en la Internet a los que calificó como “falsos profetas”, que hablan de paz entre las pandillas, pero que en realidad hacen todo lo contrario para lograr que los pandilleros depongan sus actos violentos.
El controversial dirigente, en sus últimos escritos, acusaba, además, a un grupo de personas allegadas al Gobierno de tratar de afectar su organización de la manera “más cobarde y vil”, y en especial, bloqueándole todo el apoyo.
Una misiva dirigida al propio mandatario Ricardo Martinelli, el pasado 10 de abril, le pide que cese la persecución en su contra.
Al respecto, el ministro de Gobierno, José Raúl Mulino, argumentó que solamente lo vio en tres ocasiones, y vetó su candidatura por tener un caso pendiente por “narcotráfico”.